Cabo Verde apuesta por la tecnología para revertir décadas de fuga de cerebros
La emigración siempre fue una marca profunda de Cabo Verde. Durante siglos, el archipiélago ubicado en la costa occidental de África vio partir a su gente. Primero como víctima del tráfico atlántico de personas esclavizadas, cuando las islas funcionaban como un punto intermedio entre el continente africano y las Américas. Después, como consecuencia de una economía frágil que empujaba a los talentos hacia otros países en busca de oportunidades que simplemente no existían dentro del archipiélago.
Pero algo está cambiando por allá.
El gobierno caboverdiano decidió apostar fuerte por la tecnología y la economía digital como herramientas para reescribir esa historia. La idea es sencilla, pero extremadamente ambiciosa: crear un ecosistema tech tan atractivo que la gente empiece a pensarlo dos veces antes de hacer las maletas. O mejor aún, que quienes ya se fueron quieran volver. 🌍
Con metas audaces, como hacer que el sector tecnológico represente el 25% del PIB para 2030, e iniciativas concretas como el TechParkCV, Cabo Verde está intentando dar vuelta la situación de una vez por todas. Y lo más interesante es que este movimiento va mucho más allá de infraestructura o números. Es un cambio de narrativa, de identidad y de destino para un país que carga siglos de historias de partida y que ahora quiere construir razones sólidas para quedarse. 💡
Una economía que necesitaba una nueva historia
Cabo Verde es un archipiélago de 10 islas en el Atlántico con aproximadamente 529 mil habitantes, pero con una diáspora estimada en tres a cuatro veces el tamaño de la población que vive en las islas. Ese dato, por sí solo, ya dice mucho sobre la relación histórica del país con la emigración, que es una de las mayores del mundo en proporción a la población. Durante décadas, el modelo económico se sostuvo básicamente sobre dos pilares: el turismo y las remesas enviadas por caboverdianos que vivían en el exterior, principalmente en Portugal, Estados Unidos y Francia. Esos dos pilares funcionaron durante un tiempo, pero nunca fueron suficientes para crear un ciclo virtuoso de desarrollo capaz de retener a los jóvenes talentos dentro del archipiélago.
Cuando la pandemia de Covid-19 llegó, el turismo se desplomó prácticamente de la noche a la mañana. Ese golpe económico funcionó como un catalizador para planes que ya venían gestándose. El gobierno aceleró la diversificación de la economía a través de la tecnología y, en 2021, creó oficialmente el Ministerio de Economía Digital con la meta clara de transformar el sector en una cuarta parte del PIB para finales de la década.
Pedro Fernandes Lopes, secretario de Estado para la Economía Digital, es una de las figuras centrales de esta estrategia. En una entrevista concedida en su oficina en la capital Praia, con vista hacia un gran mural de poetas caboverdianos pintado en una roca, Lopes explicó que Cabo Verde ya venía desarrollando servicios de gobernanza digital orientados al universo de los países lusófonos de África desde hacía décadas. La pandemia apenas aportó la urgencia que faltaba para transformar esas iniciativas en una política de estado robusta.
La apuesta no es menor. Transformar un país insular, con infraestructura aún en desarrollo e que históricamente dependió de sectores tradicionales, en un polo tecnológico es un desafío enorme. Pero los ejemplos alrededor del mundo muestran que es posible. El programa de digitalización de Estonia, frecuentemente citado como referencia global, es uno de los modelos que Cabo Verde observa con atención. El archipiélago quiere seguir caminos similares, pero con su propia identidad y sus propias condiciones. 🚀
El TechParkCV y el ecosistema que se está construyendo
Una de las iniciativas más concretas dentro de este plan es el TechParkCV, un parque tecnológico valorado en cerca de 44,78 millones de libras, que concentra un centro de incubación para startups, un centro de formación para jóvenes y un auditorio para conferencias. La mayor parte del financiamiento provino como préstamo del Banco Africano de Desarrollo, y el complejo cuenta también con un campus más pequeño en la ciudad de Mindelo.
Jessica Sanches Tavares, asesora de la dirección del TechParkCV, es un ejemplo vivo de la dinámica que el gobierno quiere estimular. Nacida en Cabo Verde, se mudó a Francia siendo bebé y vivió la mayor parte de su vida allá. Sin embargo, desde la infancia soñaba con volver al archipiélago, y finalmente lo logró en los últimos años.
Hay una energía, una ambición, una voluntad de construir, y es realmente estimulante ser parte de esto, dijo Tavares. Todavía existen desafíos, pero creo que estamos en la trayectoria correcta.
La idea central del TechParkCV es crear un espacio donde el ecosistema pueda desarrollarse de forma integrada. Las empresas se benefician de la cercanía entre ellas, de infraestructura compartida y del acceso a programas de mentoría y financiamiento. Según Tavares, el parque ya atrajo a cerca de dos docenas de empresas que buscan aprovechar su ubicación en una zona económica especial con incentivos fiscales.
Las empresas pueden desarrollar sus actividades desde Cabo Verde, trabajar remotamente con clientes de cualquier parte del mundo y hacerlo en condiciones que son al mismo tiempo técnica y económicamente competitivas, explicó. Todo esto no funciona de manera aislada. Los talentos formados pueden luego apoyarse en el datacenter, instalarse en el centro empresarial o incluso lanzar sus proyectos a través del centro de incubación.
Y hay más: en diciembre de este año, el TechParkCV recibirá el Web Summit, uno de los mayores eventos de tecnología del mundo, que hará su primera aparición en el continente africano desde que fue creado en 2009. Este tipo de visibilidad internacional es exactamente lo que Cabo Verde necesita para colocar al archipiélago en el mapa global de la innovación. 🎯
Conectividad y educación como cimientos
Además del parque tecnológico, el gobierno ha invertido fuerte en conectividad, que es el prerrequisito absoluto para cualquier ambición digital seria. La tasa de penetración de internet en el archipiélago ya alcanza el 75%, el doble del promedio africano. Nuevos cables submarinos están siendo instalados en el Atlántico para ampliar aún más esa capacidad.
Lopes hizo una observación que carga un peso histórico enorme sobre esos cables: Las rutas por las cuales las personas esclavizadas fueron llevadas de África son las mismas rutas por donde pasan los cables submarinos en el Atlántico, lo cual es surreal. La historia se repite, pero cada generación tiene la oportunidad de contar su propia historia.
El ecosistema también cuenta con una apuesta fuerte en la formación de personas. Niños en edad escolar ya están aprendiendo robótica y programación en contenedores adaptados como aulas tecnológicas. Programas de educación en tecnología y alianzas con universidades internacionales forman parte del paquete de transformación. La lógica es clara: de nada sirve tener infraestructura e incentivos fiscales si no hay mano de obra calificada para llenar las vacantes que este nuevo sector va a crear.
La tecnología y la educación necesitan caminar juntas para que el ciclo se cierre de verdad, generando un ambiente donde los jóvenes caboverdianos vean en su propio archipiélago una carrera viable, prometedora y conectada con lo que está pasando en el resto del mundo. 🎓
La diáspora como aliada, no como pérdida
Uno de los aspectos más interesantes de esta estrategia es la forma en que Cabo Verde está intentando resignificar la relación con su diáspora. Durante mucho tiempo, la emigración fue vista casi exclusivamente como una pérdida, un sangrado de talentos que el país no conseguía detener. Pero el nuevo enfoque ve a los caboverdianos que viven en el exterior como un activo estratégico.
Son profesionales calificados, muchas veces con experiencia en mercados desarrollados, redes de contacto internacionales y capital acumulado que podría ser reinvertido en el archipiélago. En lugar de lamentar la partida, el gobierno quiere crear puentes para atraer de vuelta ese conocimiento y esa inversión.
El ministerio ya brinda servicios públicos digitales no solo para quienes viven en las islas, sino también para la vasta diáspora. Programas de incentivo al retorno de talentos, regímenes fiscales diferenciados para emprendedores que quieran crear negocios en Cabo Verde e iniciativas de networking que conecten a quienes están afuera con las oportunidades que están surgiendo dentro del país son algunas de las herramientas que se están utilizando en esa dirección.
La propia trayectoria de Jessica Sanches Tavares ilustra perfectamente este movimiento. Criada en Francia, volvió al archipiélago atraída por la energía de construcción que encontró allí. Y el gobierno espera que historias como la suya se multipliquen.
Lopes fue directo al hablar sobre las ambiciones más amplias del proyecto: No queremos depender de ayuda externa ni de apoyo. Creo que hoy existe una gran oportunidad para el sur global de no depender de los antiguos colonizadores. Lo que vamos a hacer es abrir el mercado de África para unicornios, pero también intentar crear unicornios africanos aquí. 💼
Los obstáculos que no se pueden ignorar
Por supuesto que no todo es optimismo fácil. Transformar la tecnología en el 25% del PIB para 2030 es una meta que exige mucho más que buena voluntad política. Cabo Verde aún enfrenta desafíos estructurales serios que necesitan ser abordados para que el plan funcione en la práctica.
Uno de los problemas más citados es la conectividad aérea precaria con destinos dentro del propio continente africano. Para un país que quiere posicionarse como hub digital de África Occidental, tener vuelos limitados hacia el resto del continente es una contradicción que necesita resolverse. También hay relatos recurrentes de que africanos negros, particularmente nigerianos, que representan uno de los mayores mercados tecnológicos del continente, están siendo objeto de revisiones extras en los aeropuertos caboverdianos. Este tipo de situación socava la credibilidad de un país que se posiciona como puerta de entrada al ecosistema tech africano.
Dentro del propio ecosistema, hay quienes señalan una dependencia excesiva del gobierno por parte de las startups. Según reportes, hasta 100 fundadores de startups estarían recibiendo financiamiento público para cubrir salarios de al menos seis empleados cada uno, mientras que las participaciones en eventos de tecnología en el exterior son íntegramente subsidiadas por el gobierno. Esta dinámica plantea cuestiones legítimas sobre la sostenibilidad y la autonomía del ecosistema a mediano y largo plazo.
La cuestión de la escala también es un punto de atención. Con una población pequeña y un mercado interno limitado, las empresas de tecnología que se instalen en Cabo Verde necesitarán necesariamente mirar hacia afuera, ya sea hacia el continente africano o hacia mercados europeos o americanos. Esto no es necesariamente un problema y puede ser una ventaja competitiva si se explota bien, pero exige que el ecosistema sea construido desde el inicio con una mentalidad exportadora, con foco en productos y servicios escalables y con conexiones internacionales bien establecidas.
La ubicación geográfica del archipiélago, en el cruce entre Europa, África y las Américas, puede ser un as bajo la manga en ese sentido, posicionando a Cabo Verde como un hub estratégico para negocios entre esos bloques. 🌐
La apuesta por el futuro de una generación que quiere quedarse
Por último, está el desafío de la continuidad. Las políticas públicas de transformación económica necesitan tiempo para dar resultados, y Cabo Verde, como cualquier democracia, convive con ciclos electorales que pueden alterar prioridades. Garantizar que la apuesta por la economía digital sea tratada como una política de estado a largo plazo, y no como un proyecto de un gobierno específico, es fundamental para que los frutos aparezcan.
Los inversores, los emprendedores y los talentos de la diáspora necesitan tener confianza en que las reglas del juego se van a mantener estables a lo largo del tiempo. Esa estabilidad institucional es, quizás, el activo más importante que Cabo Verde puede ofrecer a quienes estén pensando en apostar por el archipiélago.
Pedro Fernandes Lopes cerró su reflexión con una nota que mezcla pragmatismo y esperanza: Estoy seguro de que esta generación no quiere solo volver como hacían sus padres cuando se jubilaban. Si cambiamos la idea de que la gente abandona el país y también les decimos a las mentes brillantes que regresen, las cosas van a cambiar. Pero no podemos tener solo la narrativa. Hay que transformar las palabras en acción. Y eso es lo que estamos haciendo ahora.
La historia de Cabo Verde con la tecnología todavía se está escribiendo. Los desafíos son reales, las metas son ambiciosas y el camino es largo. Pero el hecho de que un pequeño archipiélago en el Atlántico se esté posicionando como un potencial polo de innovación para toda África Occidental ya es, en sí mismo, una historia que vale la pena seguir de cerca. Y si todo sale bien, las próximas generaciones de caboverdianos pueden tener una relación completamente diferente con la idea de partir y de quedarse. 🚀
