La Inteligencia Artificial Se Convirtió en un Campo de Batalla Entre EE.UU. y China, y Nadie Sabe Quién Va a Ganar
La inteligencia artificial se convirtió en el nuevo campo de batalla entre las dos mayores potencias del mundo, y la disputa está lejos de tener un ganador definitivo.
Si en el siglo XX el mundo contenía la respiración siguiendo la carrera armamentista entre EE.UU. y la Unión Soviética, hoy el escenario es diferente, pero la tensión es la misma. Esta vez, el adversario de los estadounidenses es China, y las armas son otras: algoritmos, microchips, modelos de lenguaje y robots cada vez más sofisticados. La diferencia es que, en lugar de misiles y ojivas nucleares, lo que se mide ahora es la capacidad de procesar datos, entrenar modelos gigantescos y poner máquinas inteligentes a trabajar a escala industrial.
Esta carrera ocurre en laboratorios de investigación, campus universitarios, oficinas de startups de vanguardia, bajo la atenta mirada de líderes de algunas de las empresas más ricas del planeta y de los más altos escalones de los gobiernos de ambos países. ¿El costo? Billones de dólares. Y cada bando tiene sus ventajas, al menos por ahora.
Nick Wright, investigador de neurociencia cognitiva del University College London, resume bien lo que está en juego con una analogía certera: es una batalla entre cerebros y cuerpos. Por un lado, EE.UU. dominó durante años el universo de los LLMs, los grandes modelos de lenguaje que están detrás de herramientas como ChatGPT, además de los chatbots y los microchips que alimentan todo eso. Por el otro, China construyó silenciosamente una de las mayores flotas de robots del planeta, con especial protagonismo de los llamados robots humanoides, máquinas diseñadas para parecerse y actuar como personas. Pero esa división clara entre quién lidera en cada frente está empezando a resquebrajarse. Con la aparición de DeepSeek a principios de 2025, China demostró que también sabe construir cerebros de IA. Y mientras los estadounidenses intentan entender cómo fue posible, la carrera sigue acelerada, con cada bando intentando cruzar al territorio del otro antes de que sea demasiado tarde. 🤖
Los Cerebros de la Disputa: LLMs y el Dominio Estadounidense que Empezó a Temblar
El 30 de noviembre de 2022, OpenAI, empresa con sede en California, lanzó un nuevo chatbot con un comunicado de apenas seis frases, anunciando que había entrenado un modelo capaz de interactuar de forma conversacional. El nombre era ChatGPT, y el mundo tech quedó inmediatamente deslumbrado.
Como describió Parmy Olson, columnista de Bloomberg y autora del libro Supremacy: AI, ChatGPT, and the race that will change the world, bastaba entrar en cualquier red social para ver una avalancha de publicaciones de personas hablando sobre las más variadas formas de usar esa nueva cajita de texto que había aparecido en internet.
Aquel fue el nacimiento del primer gran modelo de lenguaje orientado al público mainstream. Un LLM analiza cantidades inmensas de texto y datos ya existentes en internet y los utiliza para aprender patrones en la forma en que las ideas se expresan. OpenAI afirma que más de 900 millones de personas usan ChatGPT cada semana, casi una de cada ocho personas en el planeta. Otras empresas estadounidenses como Anthropic, Google y Perplexity corrieron para ponerse al día, gastando miles de millones de dólares creando sistemas rivales.
Durante muchos años, cuando el tema era inteligencia artificial generativa y grandes modelos de lenguaje, el juego parecía prácticamente definido. Empresas estadounidenses construyeron los LLMs más poderosos del mundo, alimentados por miles de millones de dólares en inversión, acceso irrestricto a hardware de punta y un ecosistema académico robusto. La narrativa era cómoda para el lado estadounidense: quien tiene los mejores chips y la mayor inversión, gana. Estas empresas sabían que, si acertaban, los LLMs podrían asumir muchas de las funciones en profesiones de oficina que los humanos desempeñan hoy, y que la victoria comercial significaría mucho dinero fácil.
El Papel Estratégico de los Microchips en la Ventaja Estadounidense
Pero las mentes en Washington estaban enfocadas en otra cuestión: ¿cómo afectaría todo esto a la carrera de EE.UU. con China por la primacía global? Según una fuente oficial estadounidense que habló con la BBC, la clave de la ventaja estratégica de Estados Unidos está menos en la codificación algorítmica extraordinaria y más en el hardware que impulsa el inmenso poder computacional, en particular en los microchips.
La mayoría de los chips de alto rendimiento usados por las empresas de Silicon Valley para alimentar la creación de LLMs está controlada por los estadounidenses. La mayor parte de ellos es diseñada por una única empresa californiana: Nvidia. En octubre de 2024, Nvidia se convirtió en la primera empresa del mundo en ser valorada en 5 billones de dólares, posiblemente la empresa más valiosa de todos los tiempos, según Stephen Witt, autor de The Thinking Machine.
Washington utiliza una red rigurosa de controles de exportación para impedir que China tenga acceso a esos chips poderosos. Esta política se remonta a los años 1950, cuando EE.UU. bloqueó la exportación de electrónicos avanzados a países aliados de los soviéticos. Pero fue significativamente endurecida en 2022 por el presidente Joe Biden, conforme la carrera de la IA se intensificó.
Los estadounidenses logran ejercer ese poder aunque la mayoría de los chips más avanzados no se fabrique en suelo americano. En realidad, una parte enorme de ellos se produce en Taiwán, un aliado de EE.UU., por la Taiwan Semiconductor Manufacturing Corporation (TSMC). Estados Unidos se asegura de que muy pocos de esos chips taiwaneses de punta lleguen a China, utilizando la llamada regla de producto directo extranjero, que obliga a empresas extranjeras a seguir las reglas estadounidenses cuando los bienes exportados contienen componentes o tecnología americana.
Y los chips no son el único cuello de botella. Para fabricar semiconductores de punta, se necesita una máquina de impresión ultravioleta extrema. Solo una empresa en el mundo produce estas máquinas: ASML, con sede en una pequeña ciudad de Holanda. EE.UU. usa la misma táctica para impedir que ASML envíe esas máquinas a China. Esta política proteccionista parecía estar funcionando bien para ayudar a los estadounidenses a mantener el liderazgo en los cerebros de la IA. Hasta que China contraatacó. 😬
El Contraataque de DeepSeek y la Nueva Realidad
En enero de 2025, en la misma semana en que Donald Trump asumía el cargo por segunda vez, rodeado de multimillonarios del mundo tech, China lanzó su propio chatbot impulsado por IA: DeepSeek.
Para el usuario, la experiencia es bastante similar a ChatGPT. Responde preguntas, escribe código y es gratuito. Pero lo que realmente causó un terremoto en el mercado fue el costo: se estima que DeepSeek costó una fracción del valor necesario para crear LLMs estadounidenses como ChatGPT y Claude.
El impacto fue tan significativo que, el 27 de enero de 2025, las acciones de Nvidia sufrieron la mayor pérdida de valor de mercado en un solo día en la historia de la bolsa estadounidense: cerca de 600 mil millones de dólares se evaporaron. El modelo chino demostró que es posible sortear, al menos parcialmente, la dependencia de los microchips más avanzados, utilizando técnicas de optimización más eficientes.
Karen Hao, periodista especializada en IA, cree que la política estadounidense de control de exportaciones puede haber resultado contraproducente. Los desarrolladores chinos se vieron obligados a arreglárselas sin los chips más poderosos, lo que los forzó a ser creativos. El resultado, según ella, fue una aceleración de la autosuficiencia de China en el campo de la inteligencia artificial.
La característica definitoria de DeepSeek es que presentó capacidades similares, en aquel momento, a las de los modelos estadounidenses de OpenAI y Anthropic, pero usando una cantidad mucho menor de chips en el entrenamiento. En Pekín, el ambiente era de optimismo palpable, según Selina Xu, investigadora que trabaja con política de IA china en la oficina del exCEO de Google, Eric Schmidt. Todo el mundo quería entender cómo DeepSeek lo había logrado, y el modelo se convirtió en un catalizador muy positivo para el ecosistema chino de IA.
Open Source versus Propiedad Intelectual: Dos Modelos en Colisión
El episodio también evidenció una diferencia notable en la forma en que ambos países operan. En EE.UU., las empresas de IA protegen ferozmente su propiedad intelectual. En China, existe un enfoque más abierto, con foco en open source. Para acelerar la adopción y la innovación, las empresas chinas frecuentemente publican sus códigos en línea, permitiendo que desarrolladores de otras compañías los estudien, adapten y mejoren.
Como explica Parmy Olson, esto significa que las empresas de tecnología en China, al construir un nuevo modelo de IA, no necesitan empezar de cero. Pueden tomar un modelo existente y construir sobre él. El resultado es que la carrera por los cerebros de la IA ya no es tan clara. Estados Unidos creía que los LLMs eran una herramienta poderosa en su arsenal, pero ahora China también logra producirlos.
Selina Xu lo pone en perspectiva: los modelos estadounidenses de código cerrado probablemente siguen siendo mejores, pero quizá no por un margen tan grande. El modelo chino puede ser solo un 90% tan bueno, pero cuesta apenas el 10% del precio. Y en muchos escenarios prácticos, eso es más que suficiente.
Los Cuerpos de la Disputa: La Flota de Robots que China Construyó en Silencio
Mientras el debate sobre LLMs dominaba los titulares del mundo tech, China fue construyendo, de forma bastante discreta, una infraestructura de robots que hoy es la mayor del planeta. A partir de la década de 2010, el gobierno chino intensificó drásticamente el apoyo al desarrollo robótico, financiando investigaciones y proporcionando miles de millones de dólares en subsidios para fabricantes. La estimación actual es que existen cerca de 2 millones de robots en operación en China, más que en todo el resto del mundo combinado.
Olson atribuye buena parte de ese éxito al hecho de que China es una economía manufacturera. Toda la experiencia en construcción de electrónicos fue capitalizada, generando startups de robótica increíblemente competitivas. Los visitantes internacionales que van a Shenzhen o Shanghái suelen sorprenderse con la integración profunda de robots en la vida cotidiana, como entregas de comida por drones y robots autónomos que llevan las compras hasta la puerta de casa.
China se ha destacado particularmente en los llamados robots humanoides: máquinas diseñadas para parecerse y actuar como seres humanos. El Center for Strategic and International Studies, un think tank bipartidista estadounidense, documentó la existencia de una llamada fábrica oscura en Chongqing, en el sur del país. La planta cuenta con 2 mil robots y vehículos autónomos que, juntos, supuestamente logran entregar un auto nuevo cada minuto. Recibió el nombre de fábrica oscura porque está totalmente automatizada y puede, en teoría, operar a oscuras, sin presencia humana alguna.
Según Selina Xu, Pekín es consciente del envejecimiento acelerado de la población china y apuesta a que los robots humanoides pueden llenar el vacío dejado por la jubilación de trabajadores humanos, especialmente en áreas como el cuidado de personas mayores. Para alrededor de 2035, el número de personas con 60 años o más en China debería superar a toda la población de Estados Unidos. Además de construir robots para atender a su propia población gigantesca, China hoy representa el 90% de todas las exportaciones mundiales de robots humanoides. 🦾
El Fantasma en la Máquina: Cuando los Cuerpos Necesitan Cerebros
China lidera el mundo en la construcción de cuerpos robóticos. Pero cada uno de esos cuerpos todavía necesita un cerebro, un sistema operativo o software que le diga a las diversas piezas de metal qué hacer.
Si el robot solo necesita realizar una tarea repetitiva, como los de la fábrica de autos en Chongqing, un cerebro relativamente simple basta, y China puede desarrollarlo internamente sin dificultad. Pero para que un robot ejecute tareas variadas y complejas, necesita un cerebro inteligente alimentado por una forma diferente de IA, llamada IA agéntica. Se trata de un programa de inteligencia artificial que se comporta como un actor independiente, trabajando en tareas que involucran múltiples etapas.
Cuando se trata de esos cerebros de alto rendimiento, los estadounidenses todavía tienen la ventaja. Wright, el investigador del UCL, es enfático: Estados Unidos sigue definitivamente a la cabeza en cerebros de robots. Esto incluye tanto los chips como el software de IA que ayuda al robot a ejecutar tareas reales. Y un detalle importante: cerca del 80% del valor de un robot está en su cerebro.
Perros-Robot, Drones y el Futuro Aterradoramente Cercano
Tanto EE.UU. como China corren ahora para combinar robots con IA agéntica, y una empresa estadounidense ya demostró que no solo las compañías chinas son capaces de entregar robots exitosos. Y importa mucho quién gane esta etapa: es una tecnología que puede ser al mismo tiempo emocionante y aterradora.
Boston Dynamics, empresa de ingeniería estadounidense, ya utiliza esta combinación. Su robot con forma de perro, el Spot, se convirtió en una especie de icono de internet entre entusiastas de la tecnología, acumulando millones de visualizaciones en YouTube. El Spot posee ojos poderosos, una cámara de alta tecnología con imagen térmica, y oídos, un sistema de monitoreo acústico. Ya realiza inspecciones en los almacenes de la empresa, detectando problemas como sobrecalentamiento de equipos, fugas de gas o derrames, y alimenta esa información en sistemas de IA industrial que analizan los hallazgos y toman decisiones, posiblemente sin ninguna intervención humana.
En el lado más preocupante de la ecuación, Wright señala que ya es posible ver la combinación de robótica e IA agéntica en otro contexto: drones de campo de batalla. En el verano de 2024, Ucrania comenzó a utilizar el Gogol-M, un dron aéreo de tipo nave nodriza, capaz de volar cientos de kilómetros hacia el interior del territorio ruso antes de liberar dos drones menores de ataque. Sin control humano alguno, estos drones usaban sus cerebros de IA para escanear el terreno, identificar objetivos y volar hacia ellos para detonar explosivos. Es el tipo de avance que hace que cualquier persona se detenga a pensar sobre las implicaciones reales de esta tecnología.
Microchips: El Recurso Estratégico que Define Quién Avanza Más Rápido
En el centro de toda esta disputa están los microchips. Sin semiconductores avanzados, no hay forma de entrenar LLMs a gran escala, no hay forma de equipar robots con capacidad de procesamiento en tiempo real y no hay forma de mantener el ritmo de innovación que este campo exige.
EE.UU. lo entendió temprano y usó su influencia para restringir el acceso de China a los chips más avanzados, especialmente tras las medidas de control de exportación de 2022. Nvidia, AMD y TSMC quedaron prohibidas de atender ciertos pedidos provenientes de China, una medida ampliamente interpretada como un intento de crear un cuello de botella insuperable en el avance tecnológico chino.
El problema es que la estrategia funcionó parcialmente, pero no del todo. China respondió en múltiples frentes: aceleró las inversiones en SMIC, su principal fabricante doméstica de semiconductores, aumentó las importaciones de chips por vías alternativas antes de que las restricciones se ampliaran y, como demostró el caso de DeepSeek, comenzó a desarrollar algoritmos que extraen más rendimiento de los microchips disponibles. Es una carrera paralela donde, al mismo tiempo que los estadounidenses intentan cerrar los grifos, los chinos buscan formas de necesitar menos agua para que la misma receta funcione.
TSMC, con sede en Taiwán, quizá sea el actor más central de toda esta ecuación, aunque a menudo se le olvida en los análisis más superficiales. Fabrica los chips más avanzados para Nvidia, Apple, AMD y decenas de otras empresas. El hecho de estar ubicada en Taiwán, territorio sobre el cual China reclama soberanía, transforma la geopolítica de los semiconductores en algo mucho más complejo que una simple disputa comercial. La propia fábrica taiwanesa es casi visible desde el continente chino, y se entiende por qué la isla puede ser un premio tentador para Pekín. Es justamente por eso que EE.UU. aceleró las inversiones para estimular la fabricación doméstica de semiconductores en suelo estadounidense, reduciendo la dependencia de una única isla en el Pacífico. 🖥️
¿Quién Va a Ganar Esta Carrera?
Es difícil predecir quién va a ganar una carrera cuando nadie sabe dónde está la línea de meta, como observa Greg Slabaugh, profesor de visión por computadora e IA en la Queen Mary University of London. Según él, la victoria probablemente no será un momento singular, como aterrizar en la Luna. Lo que importa es la ventaja sostenida: quién lidera en capacidad, quién incorpora la IA de forma más eficaz en toda su economía y quién define los estándares globales.
Con tecnologías como la electricidad y la computación, Slabaugh recuerda que importó menos quién construyó los sistemas primero y más quién los implementó de forma más eficiente en toda la economía. Lo mismo puede resultar cierto para la inteligencia artificial.
También existe una diferencia filosófica fundamental entre ambos bandos. Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses quieren avanzar hacia el futuro desconocido de la IA sin muchas restricciones. El Partido Comunista de China quiere que el Estado supervise esa investigación. Una versión promete una hipereditión del capitalismo de consumo. La otra, un mundo en el que el Estado determina qué se puede o no hacer con esta tecnología.
Mari Sako, de la Said Business School de la Universidad de Oxford, lo resume bien: cada bando está mejor posicionado para ganar en su propio juego. Y cuando dos jugadores compiten con reglas diferentes, ella sospecha que el jugador que conquiste al público más amplio, los usuarios y los adoptantes, tiende a prevalecer.
Lo Que Está en Juego Más Allá de la Tecnología
Es tentador ver esta disputa solo como una competencia entre empresas de tecnología o como una pelea por cuota de mercado, pero lo que realmente está en juego va mucho más allá de eso. El liderazgo en inteligencia artificial, LLMs, robots y microchips va a determinar quién tiene más capacidad productiva, quién logra automatizar procesos críticos, quién desarrolla sistemas de defensa más eficaces y, en última instancia, quién define los estándares y las reglas que van a gobernar estas tecnologías en el futuro.
Históricamente, quien define el estándar tecnológico define mucho de lo que ocurre económica y políticamente en las décadas siguientes. Internet fue estadounidense, el smartphone fue estadounidense, y eso tuvo consecuencias inmensas para el equilibrio de poder global.
China claramente no quiere repetir el papel de consumidora pasiva de tecnología desarrollada en otro lugar. El plan Made in China 2025, lanzado hace casi una década, ya dejaba clara la intención de dominar sectores estratégicos como robótica, semiconductores e inteligencia artificial. Lo que cambió en los últimos años es la velocidad de ejecución y la calidad de los resultados. DeepSeek no es un accidente aislado, es síntoma de un ecosistema que maduró y que ahora produce innovación original, no solo adaptaciones de lo desarrollado en Occidente.
Del lado estadounidense, la respuesta ha sido una combinación de restricciones comerciales, inversiones públicas masivas y un intento de mantener alianzas con socios como Japón, Corea del Sur, Holanda y Reino Unido para crear una especie de frente unido en torno a los semiconductores y la IA. Pero las alianzas tienen costos, los intereses económicos a veces chocan con los objetivos estratégicos, y China es un mercado demasiado grande como para que cualquier empresa tecnológica simplemente lo ignore.
Las apuestas son altas. Todavía no está claro si EE.UU. o China emergerán más poderosos a lo largo del siglo XXI. La carrera de la inteligencia artificial bien podría ser el factor decisivo. Y mientras esa definición no llega, cada avance de un bando rápidamente fuerza una respuesta del otro, manteniendo al mundo entero atento a cada nuevo movimiento en esta disputa que promete moldear el futuro de prácticamente todo. 🌏
