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La Generación Z usa inteligencia artificial todos los días, pero cada vez está menos contenta con eso

La Generación Z siempre fue vista como la generación que nació para la tecnología. Smartphones, redes sociales, streaming — todo eso forma parte de la vida cotidiana de estos jóvenes de una manera que ninguna otra generación experimentó antes. Entonces, cuando la inteligencia artificial generativa empezó a explotar, la lógica era sencilla: estos jóvenes serían los primeros en subirse al tren con entusiasmo total, ¿verdad?

Pues no.

Una nueva encuesta de Gallup, realizada en alianza con la Walton Family Foundation y GSV Ventures — una firma de capital de riesgo enfocada en tecnología educativa —, arrojó datos que van en contra de lo que mucha gente esperaba. Más de la mitad de los jóvenes entre 14 y 29 años en Estados Unidos usa IA generativa con regularidad, sí. Pero los sentimientos en torno a esta tecnología se están enfriando — y, en algunos casos, convirtiéndose directamente en enojo. 😬

El estudio encuestó a más de 1.500 personas entre febrero y marzo de este año, y los resultados muestran una generación que usa la herramienta a diario, pero que cada vez desconfía más del rumbo que todo esto está tomando. La adaptación sigue ocurriendo — al fin y al cabo, nadie dejó de usarla. Pero usar no es lo mismo que confiar. Y es exactamente ahí donde esta historia se pone interesante. 👇

Los números que nadie esperaba ver

Cuando Gallup empezó a consolidar los datos de esta encuesta, el panorama que surgió fue bastante diferente del optimismo que dominó los titulares sobre inteligencia artificial en los últimos años. En sondeos anteriores, el entusiasmo era considerablemente mayor entre los jóvenes. Herramientas como ChatGPT se convirtieron en tema de conversación en las escuelas, las universidades y los grupos de WhatsApp. Parecía que la Generación Z había encontrado el juguete definitivo — algo que encajaba en la rutina de estudios, de trabajo e hasta de entretenimiento.

Pero los datos más recientes cuentan otra historia. Entre los jóvenes encuestados, la proporción que se declaró esperanzada con la IA cayó del 27% a apenas el 18% en comparación con el año anterior. El entusiasmo también disminuyó. Y casi un tercio de los encuestados indicó que la tecnología les provoca enojo. No es un giro dramático de un día para otro, pero sí es una señal clara de que los sentimientos de esta generación se están volviendo mucho más críticos y menos ingenuos que antes.

Vale destacar que el uso, por sí solo, no bajó. Cerca de la mitad de los encuestados reportó usar IA diaria o semanalmente, cifras parecidas a las del sondeo del año pasado. Poco menos del 20% dijo no usar IA en absoluto. El punto es que ese uso cotidiano ya no viene acompañado de entusiasmo. Es una relación que se volvió más pragmática, más fría, casi utilitaria.

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Como observó Zach Hrynowski, investigador sénior de educación de Gallup que participó en el estudio, la adopción no creció de forma significativa a lo largo del último año, aunque cada vez más jóvenes de la Generación Z digan tener acceso a estas herramientas. También señaló que los miembros más jóvenes de la generación — los adolescentes — eran los más propensos a afirmar que usan IA con frecuencia. La Generación Z aprendió a usar la herramienta, pero parece haber desarrollado también una mirada mucho más atenta — y escéptica — sobre lo que representa a largo plazo. 🤔

Qué hay detrás de este cambio de sentimiento

Entender por qué los sentimientos de los jóvenes hacia la inteligencia artificial se enfriaron tan rápido requiere mirar más allá de los números. Una de las razones más mencionadas por los encuestados es el miedo genuino al mercado laboral. La Generación Z está entrando ahora al mundo profesional — o está a punto de hacerlo — y la conversación sobre automatización, sustitución de empleos y devaluación de ciertas habilidades humanas les llegó demasiado cerca como para ignorarla.

Los datos confirman esa preocupación de manera contundente. Casi la mitad de los jóvenes que ya están en el mercado laboral dijo que los riesgos de la inteligencia artificial superan sus potenciales beneficios en el ámbito profesional — un salto de 11 puntos porcentuales respecto al año anterior. Solo el 15% vio la IA como un beneficio neto en el trabajo. Es un cambio significativo que refleja la ansiedad real de quienes están intentando establecerse profesionalmente en un escenario cada vez más incierto.

Sydney Gill, una estudiante de 19 años de primer año en la Rice University, en Houston, ilustra bien este sentimiento. Contó que era optimista sobre la inteligencia artificial como herramienta de aprendizaje cuando estaba en la preparatoria. Ahora, a la hora de elegir su carrera, la perspectiva cambió. Su sensación es que cualquier área de interés tiene el potencial de ser sustituida, incluso en los próximos años.

Otro factor que pesa bastante es la cuestión de la confianza en la información. Con el avance de las herramientas de IA generativa, también creció la circulación de contenidos falsos, deepfakes, textos generados sin base factual e imágenes manipuladas que parecen absolutamente reales. Para una generación que creció navegando en internet y aprendiendo a identificar noticias falsas, esta nueva capa de desinformación potenciada por la IA es algo que preocupa de verdad. Los jóvenes encuestados por Gallup mencionaron específicamente la propagación de desinformación alimentada por IA en las redes sociales como una de sus grandes preocupaciones.

También existe el temor sobre el impacto de la IA en la creatividad y el pensamiento crítico. El investigador Zach Hrynowski destacó que, aunque muchos encuestados reconocen que la IA puede hacerlos más eficientes en la escuela y el trabajo, existe una preocupación paralela de que la dependencia de la herramienta comprometa habilidades cognitivas fundamentales. Es como si la Generación Z se estuviera preguntando: si la IA hace el trabajo por mí, ¿qué le queda a mi cerebro por hacer?

Hay además un componente más subjetivo, pero igualmente importante: la sensación de que la IA se les está imponiendo a la fuerza sin que nadie haya preguntado si todos querían eso. Plataformas que antes eran simples ahora están llenas de funciones de IA integradas, a veces sin aviso, a veces sin la opción de desactivarlas. Esa falta de control y de elección incomoda bastante a la Generación Z, que históricamente valora la autonomía y la transparencia en su relación con la tecnología. 😤

Adaptación no es lo mismo que aceptación

Este quizás sea el punto más importante de toda la discusión: el hecho de que la Generación Z siga usando inteligencia artificial a diario no significa que esta generación apruebe el rumbo que están tomando las cosas. La adaptación es una respuesta natural y casi inevitable cuando una tecnología se integra tan profundamente en las herramientas de estudio, trabajo y comunicación. Ignorar la IA hoy sería el equivalente a ignorar internet en los años 2000 — técnicamente posible, pero cada vez más difícil y potencialmente perjudicial para quien lo intentara.

Abigail Hackett, de 27 años, que trabaja en el sector de turismo y hostelería cerca de Anchorage, en Alaska, es un buen ejemplo de esta relación ambivalente. Reconoce que algunas herramientas de IA le ahorran tiempo en el trabajo, pero evita usarlas en su vida personal. ¿La razón? No quiere que sus habilidades sociales se atrofien. Hackett comentó que todavía se siente indecisa al usar IA para redactar comunicaciones con otras personas, porque cree que ciertas cosas son muy humanas y deberían seguir siéndolo.

Por otro lado, no todos en la Generación Z están tan desconfiados. Ryan Guckian, de 30 años, probador de software en Detroit, se mostró como un usuario más entusiasta. Contó que usa ChatGPT a diario para tareas como revisar líneas de código y hacer lluvia de ideas sobre recetas para el aniversario de su relación. Para él, lo que ha visto hasta ahora no lo asustó demasiado. Incluso mencionó algunos videos generados por IA de yetis que encontró en las redes sociales y que le parecieron graciosos.

Estas perspectivas diferentes dentro de la misma generación demuestran que la relación con la IA no es monolítica. La encuesta de Gallup identificó que los jóvenes de mayor edad dentro del grupo — entre los 25 y los 29 años — tienden a tener una visión ligeramente más pragmática y menos emocional sobre la tecnología, posiblemente porque ya están insertados en el mercado laboral y manejan la IA de forma más instrumental. En cambio, los más jóvenes, especialmente los adolescentes, fueron quienes más reportaron un uso frecuente, pero también presentaron niveles elevados de preocupación e malestar.

Este dato es relevante porque ese grupo es exactamente el que está siendo alfabetizado digitalmente ahora, en tiempo real, mientras la IA todavía se está construyendo y regulando. Los sentimientos que estos jóvenes desarrollen en los próximos años van a moldear mucho de la relación que toda una generación tendrá con esta tecnología de aquí en adelante.

La IA como necesidad futura — incluso sin entusiasmo

Un dato especialmente revelador de la encuesta muestra que, a pesar del escepticismo creciente, buena parte de la Generación Z reconoce que la inteligencia artificial será una habilidad indispensable en el futuro. Casi la mitad de los encuestados que aún no terminaron la preparatoria prevé que necesitará saber usar IA en sus futuras carreras. Este número demuestra que existe una conciencia clara de que, independientemente de los sentimientos personales sobre la tecnología, ignorarla no es una opción viable.

Los resultados de la encuesta llegan en un momento de debate intenso entre padres, estudiantes y formuladores de políticas públicas sobre el papel que los sistemas de IA deben tener en la vida de los jóvenes. Miembros de la Generación Z han recurrido a chatbots como ChatGPT para pedir consejos sobre relaciones, obtener ayuda con trabajos escolares e incluso para delegar decisiones complejas como elegir en qué universidad estudiar. Estas aplicaciones muestran que la IA ya está profundamente entrelazada con momentos importantes de la vida de estos jóvenes — lo que hace que la cuestión de la confianza sea aún más relevante.

Herramientas que usamos a diario

Y aquí aparece un dato que podría ser un indicativo de esperanza para el sector: entre todas las respuestas emocionales medidas por la encuesta, la más ampliamente reportada por los jóvenes fue curiosidad. Esto sugiere que, a pesar de la caída en la esperanza y el aumento del enojo, la puerta no está completamente cerrada. La Generación Z no le dio la espalda a la IA. Solo está pidiendo algo que parece bastante razonable: más transparencia, más control y más participación en las decisiones sobre cómo estas herramientas se desarrollan e implementan.

Qué significa este escenario para el futuro de la IA

Si la generación más joven y más conectada del planeta está desarrollando una relación cada vez más ambivalente con la inteligencia artificial, eso tiene implicaciones directas para el futuro del sector. Empresas de tecnología, desarrolladores y formuladores de políticas públicas necesitan prestar atención a estos datos porque ignorar los sentimientos de una generación entera rara vez termina bien. La Generación Z representa un volumen enorme de usuarios actuales y futuros, y la confianza — o la falta de ella — que este grupo desarrolle hoy va a determinar cómo las próximas versiones de estas tecnologías serán recibidas mañana.

El hecho de que la encuesta se haya realizado justo en un momento en que los estadounidenses en general demuestran una animosidad creciente hacia la IA hace que los datos sean aún más significativos. La hostilidad no está limitada a las generaciones mayores o menos familiarizadas con la tecnología. Se está extendiendo precisamente al público que debería ser el más receptivo. Cuando hasta la Generación Z empieza a hacer preguntas difíciles sobre los límites y riesgos de la inteligencia artificial, es hora de prestar atención.

Zach Hrynowski, el investigador de Gallup, admitió haberse sorprendido por la velocidad con la que las actitudes de los jóvenes cambiaron. Es un cambio que no ocurrió porque la tecnología empeoró — de hecho, las herramientas están más avanzadas que nunca. El cambio ocurrió porque las personas empezaron a percibir las consecuencias reales, tangibles y no siempre positivas de lo que la IA puede hacer cuando escala sin las debidas salvaguardas.

La adaptación podría ser mucho más fluida — y los sentimientos mucho más positivos — si el desarrollo de la IA avanzara junto con políticas de transparencia, regulación clara y mecanismos reales de control. No se trata de frenar la tecnología. Se trata de construirla de una manera en que las personas sientan que forman parte del proceso, y no que están siendo atropelladas por él.

Al final de cuentas, lo que esta historia demuestra es que la tecnología, por más impresionante que sea, no conquista corazones y mentes automáticamente. La Generación Z lo demostró de una manera bastante elocuente: usar no es respaldar, y adaptarse no es lo mismo que estar satisfecho. Los datos de Gallup son un termómetro preciso de que construir confianza es tan importante como construir algoritmos. 🤝

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