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Perplexity AI es acusada de compartir datos de usuarios con Meta y Google

La privacidad de los usuarios de inteligencia artificial volvió a ser noticia, y esta vez el nombre en el centro de la polémica es Perplexity AI.

Una demanda colectiva fue presentada en Estados Unidos acusando a la empresa de compartir silenciosamente información personal de sus usuarios con gigantes como Meta y Google, sin que nadie lo supiera.

El caso fue registrado el martes en el Tribunal Federal de San Francisco y ha generado bastante discusión en el mundo de la tecnología, especialmente entre quienes usan herramientas de IA en su día a día.

¿Y el detalle que más llama la atención?

Según la denuncia, los datos personales de los usuarios eran compartidos incluso cuando estaban usando el modo Incognito de la plataforma, ese que debería, en teoría, ofrecer más protección.

Si usas Perplexity para investigar temas sensibles, como finanzas, inversiones o cualquier cosa que preferirías mantener en privado, esta historia merece tu atención.

¿Qué dice exactamente la demanda?

La denuncia fue presentada en nombre de un hombre del estado de Utah, identificado únicamente como John Doe, que busca representar a una clase de usuarios de Perplexity. De acuerdo con los documentos presentados ante el Tribunal Federal del Distrito Norte de California, Perplexity AI habría incorporado software de rastreo indetectable directamente en el código de su motor de búsqueda. Este software transmitiría automáticamente las conversaciones de los usuarios a Meta, Google y otros terceros.

Según el proceso, en cuanto los usuarios acceden a la página de inicio de Perplexity, rastreadores se descargan en sus dispositivos. Esto le daría a Meta y a Google acceso completo a las conversaciones entre los usuarios y el motor de búsqueda de IA de Perplexity. Es decir, todo lo que escribes, preguntas o buscas dentro de la plataforma podría estar siendo monitoreado desde el momento en que inicias sesión.

El problema va más allá de un simple fallo técnico. La acusación señala que esta práctica era sistemática y deliberada, o sea, no fue un error aislado, sino una estructura de recopilación de datos incorporada al funcionamiento de la plataforma. La denuncia afirma que este intercambio permitía que Meta y Google explotaran esos datos sensibles en su propio beneficio, incluyendo la segmentación de personas con publicidad dirigida y la reventa de esa información a terceros adicionales.

El punto más delicado de la denuncia es justamente el modo Incognito. Cuando una herramienta ofrece este recurso, la expectativa natural de cualquier usuario es que sus actividades no sean registradas ni compartidas. Pero, según el proceso, incluso en ese modo, los datos personales seguían siendo capturados y enviados a terceros. Esto plantea una cuestión seria sobre la fiabilidad de las promesas de privacidad que hacen las plataformas de inteligencia artificial.

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Para hacerse una idea del nivel de información compartida, el autor de la demanda relata haber usado el chatbot de Perplexity para discutir temas como:

  • Finanzas familiares
  • Obligaciones fiscales
  • Portafolio de inversiones
  • Estrategias financieras personales

Todo eso habría sido potencialmente accesible por Meta y Google sin ningún consentimiento informado del usuario. La sensación de seguridad ofrecida por el modo incógnito, en este caso, habría sido completamente ilusoria.

Además, la demanda cita posibles violaciones a las leyes de privacidad y fraude cibernético tanto federales como estatales de California. Si las alegaciones se confirman, Perplexity AI podría enfrentar multas significativas y verse obligada a reformular completamente su política de tratamiento de datos. El proceso todavía está en fase inicial, pero ya es suficiente para poner a la empresa en el punto de mira y reavivar el debate sobre transparencia en el sector de la IA. 🔍

Meta y Google también son blanco del proceso

Un detalle importante que mucha gente puede pasar por alto es que la demanda no apunta únicamente a Perplexity AI. Meta y Google también son demandados en el proceso, acusados de violar leyes federales y estatales de privacidad y fraude cibernético.

La lógica es relativamente directa: si Perplexity recopilaba y enviaba los datos, Meta y Google los recibían y utilizaban. Según la denuncia, estas empresas estarían del otro lado de la cadena, beneficiándose de la información obtenida sin consentimiento para alimentar sus ecosistemas de publicidad y análisis de datos.

En respuesta, un portavoz de Meta redirigió a una página de ayuda de Facebook que afirma que va contra las reglas de la empresa que los anunciantes envíen información sensible a la plataforma. Básicamente, Meta se posicionó diciendo que prohíbe esta práctica en sus políticas, pero no comentó directamente sobre el caso específico.

Por su parte, los representantes de Google no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentario hechas por la prensa sobre el proceso.

Este posicionamiento de las big techs, o la falta del mismo, es algo que suele ocurrir cuando surgen procesos de este tipo. Las grandes empresas generalmente prefieren no comentar directamente sobre litigios en curso, pero la presión pública y mediática puede cambiar ese escenario conforme el caso avanza. El número de referencia del proceso es Doe v. Perplexity AI Inc., 3:26-cv-02803, en el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Norte de California.

¿Por qué esto importa a quienes usan IA en el día a día?

Puede parecer que esta historia es cosa de abogados y reguladores, pero la verdad es que afecta directamente a cualquier persona que usa herramientas de inteligencia artificial para investigar, estudiar, trabajar o incluso tomar decisiones financieras. Cuando escribes una pregunta en una plataforma como Perplexity AI, estás compartiendo mucho más que palabras. Estás revelando intereses, preocupaciones, dudas e hasta situaciones personales delicadas.

Si esa información llega a empresas como Meta y Google sin que lo sepas, puede ser usada para:

  • Segmentación de anuncios basada en información que jamás quisiste hacer pública
  • Análisis comportamental detallado de tus hábitos e intereses
  • Reventa de datos a terceros que ni siquiera conoces

Este es exactamente el tipo de uso que la mayoría de las personas jamás autorizaría de forma consciente.

El mercado de datos personales mueve miles de millones, y las big techs construyen buena parte de sus modelos de negocio con base en la información que recopilan de los usuarios. Cuando una plataforma de IA alimenta ese ecosistema sin avisar, está efectivamente convirtiendo a sus usuarios en producto, aunque el servicio se presente como una herramienta de búsqueda inteligente y confiable.

La cuestión de la privacidad aquí no es solo ética, es también práctica. Información sensible sobre salud, finanzas, relaciones u opiniones políticas puede tener consecuencias reales si cae en las manos equivocadas o se usa de una forma que el usuario jamás esperaría. Y lo peor de todo es que, en la mayoría de los casos, esto ocurre de manera completamente invisible para quien está del otro lado de la pantalla.

Otro punto importante es que este caso no es el primero que involucra a empresas de tecnología y recopilación indebida de datos, y probablemente no será el último. Pero cobra un peso especial porque ocurre en un momento en que las herramientas de IA están creciendo de forma acelerada y ganándose la confianza de millones de personas en todo el mundo. Cuanto más crece este sector, más urgente se vuelve la discusión sobre cómo se están tratando los datos de los usuarios. 👀

¿Qué dijo Perplexity AI sobre las acusaciones?

La respuesta oficial de Perplexity AI hasta el momento fue breve y directa. Jesse Dwyer, portavoz de la empresa, declaró que Perplexity no había sido formalmente notificada sobre ninguna demanda que correspondiera a la descripción divulgada por la prensa y que, por eso, no podía verificar la existencia ni las alegaciones del proceso.

Esta es una respuesta habitual en etapas iniciales de litigios, pero que dice poco sobre cómo la empresa pretende lidiar con las acusaciones en sí. Perplexity AI se ha posicionado en el mercado como una alternativa más transparente e inteligente a los motores de búsqueda tradicionales, y se encuentra ahora ante una paradoja: su propuesta de valor se basa en ofrecer respuestas confiables y directas, pero las alegaciones del proceso sugieren que las prácticas internas de privacidad podrían no estar alineadas con esa imagen pública.

Este tipo de contradicción es especialmente perjudicial para startups de tecnología que aún están construyendo su reputación en el mercado. Vale recordar que Perplexity AI recibió inversiones significativas en los últimos años y ha sido señalada como una de las empresas más prometedoras en el segmento de búsqueda con inteligencia artificial. Precisamente por eso, el impacto de este proceso va más allá del campo jurídico. Puede afectar la percepción de inversores, socios y, sobre todo, de los propios usuarios que confían en la plataforma para sus búsquedas cotidianas.

La transparencia, en este contexto, deja de ser solo una cuestión de cumplimiento normativo y pasa a ser un activo estratégico fundamental. Las empresas que no tratan los datos personales de sus usuarios con seriedad están construyendo sobre una base frágil, independientemente de cuántos usuarios activos o rondas de inversión hayan conseguido.

Por otro lado, es importante recordar que estamos hablando de acusaciones que aún deben ser probadas en los tribunales. El proceso está en curso y la empresa tiene derecho a presentar su defensa. Aun así, incluso si las alegaciones son parcialmente rebatidas, el simple hecho de que exista una demanda colectiva con este tipo de denuncia ya es suficiente para que los usuarios empiecen a cuestionar con más cuidado qué información están compartiendo con plataformas de IA. ⚖️

Rastreadores invisibles: cómo funciona la tecnología detrás de la acusación

Para entender la gravedad de las alegaciones, vale la pena explicar de forma sencilla qué son esos rastreadores mencionados en el proceso. Básicamente, cuando hablamos de trackers o píxeles de rastreo, nos referimos a pequeños fragmentos de código que se incrustan en páginas web o aplicaciones. Estos códigos se comunican con servidores externos, como los de Meta y Google, enviando información sobre lo que el usuario está haciendo en esa plataforma.

Herramientas que usamos a diario

En el caso de Perplexity, la acusación es que estos rastreadores se descargaban en el dispositivo del usuario en cuanto accedía a la página de inicio, antes siquiera de comenzar cualquier búsqueda. Esto significa que el monitoreo empezaba desde el primer momento de interacción con la plataforma.

Lo que hace esta situación aún más delicada es que, según el proceso, este software era descrito como indetectable. Es decir, el usuario común no tendría forma de saber que sus datos estaban siendo recopilados y compartidos. No había alertas, ventanas emergentes ni ningún tipo de notificación visible informando sobre esta práctica.

Este tipo de rastreo oculto es exactamente lo que regulaciones como el GDPR en Europa, la CCPA en California y la LGPD en Brasil buscan impedir. La idea central de estas legislaciones es que el usuario necesita saber qué se está recopilando y tener la opción de consentir o rechazar. Cuando una plataforma ignora este principio básico, no solo está cometiendo una falta ética, está potencialmente violando la ley.

Privacidad e IA: un debate que no va a desaparecer

El caso que involucra a Perplexity AI, Meta y Google es un capítulo más de una historia que se viene repitiendo a medida que las nuevas tecnologías ganan escala. Con cada nueva herramienta que surge y conquista millones de usuarios, surgen también nuevas preguntas sobre qué pasa con los datos personales generados durante el uso. Y las respuestas, muchas veces, solo aparecen cuando alguien decide acudir a los tribunales.

No existe una solución sencilla para este problema, porque involucra intereses económicos muy grandes, una regulación que todavía intenta seguir el ritmo de la innovación y una cultura de uso de tecnología en la que buena parte de las personas acepta los términos de servicio sin leerlos.

Iniciativas regulatorias como el GDPR en Europa y la LGPD en Brasil representan avances importantes, pero la aplicación práctica de estas leyes en relación con empresas de IA aún está en construcción. Lo que se espera, a largo plazo, es que las plataformas sean cada vez más presionadas a ser transparentes sobre qué recopilan, con quién lo comparten y de qué forma utilizan la información de sus usuarios.

Mientras eso no se convierte en una realidad consolidada, el papel de cada usuario es mantener una mirada más atenta sobre las herramientas que elige usar, entendiendo que conveniencia y privacidad no siempre van de la mano cuando no hay una regulación clara y una fiscalización efectiva.

El debate sobre privacidad en plataformas de inteligencia artificial no es nuevo, pero ha cobrado una nueva dimensión en los últimos años con la popularización de herramientas como ChatGPT, Gemini, Copilot y, por supuesto, la propia Perplexity AI. Cada una de estas plataformas recopila datos de alguna forma, y la diferencia entre ellas está justamente en cómo se comunica y gestiona ese proceso.

Cuando una empresa promete protección y no la cumple, no solo está violando una ley. Está rompiendo la confianza de personas reales que dependen de esas herramientas en su día a día. Y la confianza, como cualquier usuario de tecnología ya sabe, es mucho más difícil de recuperar que de perder. 💡

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