Anthropic y el Pentágono: documentos judiciales revelan que ambas partes estaban casi alineadas una semana después de que Trump declarara el fin de la relación
Anthropic está en el centro de uno de los procesos judiciales más reveladores que involucran inteligencia artificial y el gobierno de Estados Unidos. El pasado viernes, la empresa presentó dos declaraciones juradas ante un tribunal federal de California, impugnando directamente la afirmación del Pentágono de que la compañía representa un riesgo inaceptable para la seguridad nacional.
Los documentos argumentan que el caso del gobierno se basa en malentendidos técnicos y en alegaciones que nunca se plantearon durante los meses de negociación que precedieron a la disputa. Las declaraciones fueron presentadas junto con la respuesta de Anthropic en su demanda contra el Departamento de Defensa, antes de una audiencia programada para el martes 24 de marzo, ante la jueza Rita Lin, en San Francisco.
Lo que parecía ser una asociación prometedora entre la empresa y el Pentágono se convirtió en un caso judicial lleno de contradicciones, documentos reveladores y preguntas sin respuesta. Y el detalle más incómodo para la versión oficial del gobierno acaba de salir a la luz. 📄
Cómo empezó todo: la ruptura pública
La disputa se remonta a finales de febrero, cuando el presidente Trump y el secretario de Defensa Pete Hegseth declararon públicamente que estaban cortando relaciones con Anthropic. El motivo alegado fue que la empresa se habría negado a permitir el uso militar irrestricto de su tecnología de IA. Esta declaración pública llevó al gobierno a formalizar una designación de riesgo en la cadena de suministro contra Anthropic, clasificándola como una amenaza para la seguridad nacional.
Esta designación es particularmente significativa porque, según la propia empresa, fue la primera vez que este tipo de clasificación se aplicó a una empresa estadounidense. Anthropic alega en su demanda que la medida equivale a una represalia gubernamental contra las posiciones públicamente declaradas de la empresa sobre seguridad de IA, lo que violaría la Primera Enmienda de la Constitución de EE. UU.
El gobierno, por su parte, rechazó completamente este planteamiento en un documento de 40 páginas presentado a principios de esa misma semana. Desde la perspectiva del Departamento de Defensa, la negativa de Anthropic a permitir todos los usos militares lícitos de su tecnología fue una decisión comercial, y no un discurso protegido, y la designación de riesgo habría sido una evaluación directa de seguridad nacional, sin ningún carácter punitivo.
Solo que los nuevos documentos presentados por Anthropic ponen esa narrativa oficial en una posición bastante complicada. 🤔
Las dos declaraciones juradas y lo que revelan
Las declaraciones fueron presentadas por dos figuras clave dentro de Anthropic: Sarah Heck, jefa de Política de la empresa, y Thiyagu Ramasamy, jefe del Sector Público.
El testimonio de Sarah Heck
Sarah Heck no es cualquier figura en esta historia. Es exfuncionaria del Consejo de Seguridad Nacional, trabajó en la Casa Blanca durante el gobierno de Obama antes de pasar por Stripe y llegar a Anthropic, donde gestiona la relación gubernamental y el trabajo de políticas públicas de la empresa. Heck estuvo personalmente presente en la reunión del 24 de febrero, donde el CEO Dario Amodei se sentó con el secretario de Defensa Hegseth y el subsecretario del Pentágono, Emil Michael.
En su declaración, Heck señala lo que ella describe como una falsedad central en los documentos del gobierno: la alegación de que Anthropic habría exigido algún tipo de rol de aprobación sobre operaciones militares. Según Heck, esta afirmación simplemente no es verdadera. En ningún momento durante las negociaciones ella o cualquier otro funcionario de Anthropic declaró que la empresa quisiera ese tipo de rol, conforme quedó registrado en su testimonio.
Heck también afirma que la preocupación del Pentágono sobre la posibilidad de que Anthropic deshabilitara o alterara su tecnología durante una operación nunca se planteó durante las negociaciones. En su lugar, esta alegación apareció por primera vez en los documentos judiciales del gobierno, sin que la empresa hubiera tenido oportunidad alguna de responder.
El correo electrónico que lo contradice todo
Pero el detalle más impactante de la declaración de Heck tiene que ver con un correo electrónico enviado el 4 de marzo, exactamente un día después de que el Pentágono formalizara la designación de riesgo en la cadena de suministro contra Anthropic. En ese correo, el subsecretario Emil Michael escribió al CEO Dario Amodei diciendo que ambas partes estaban muy cerca de un acuerdo en las dos cuestiones que el gobierno ahora cita como evidencia de que Anthropic es una amenaza para la seguridad nacional: sus posiciones sobre armas autónomas y vigilancia masiva de estadounidenses.
Heck adjunta ese correo como prueba en su declaración, y vale la pena analizar lo que ocurrió en los días siguientes. El 5 de marzo, Amodei publicó un comunicado diciendo que la empresa venía teniendo conversaciones productivas con el Pentágono. Al día siguiente, el 6 de marzo, Michael publicó en redes sociales que no había ninguna negociación activa del Departamento de Defensa con Anthropic. Una semana después, dijo a CNBC que no había posibilidad de retomar las conversaciones.
El punto que Heck parece querer establecer es directo: si la posición de Anthropic en esas dos cuestiones es lo que la convierte en una amenaza para la seguridad nacional, ¿por qué el propio representante del Pentágono estaba diciendo que ambas partes estaban casi alineadas exactamente en esas mismas cuestiones, justo después de que la designación hubiera sido finalizada? Heck no llega a afirmar explícitamente que el gobierno usó la designación como moneda de cambio en las negociaciones, pero la línea temporal que presenta deja esa pregunta flotando en el aire de forma bastante evidente. 🧐
El testimonio técnico de Thiyagu Ramasamy
La segunda declaración aporta una perspectiva diferente y más técnica. Thiyagu Ramasamy ingresó en Anthropic en 2025 tras seis años en Amazon Web Services, donde gestionaba implementaciones de IA para clientes gubernamentales, incluidos entornos clasificados. En Anthropic, se le reconoce por haber construido el equipo que llevó los modelos Claude a contextos de seguridad nacional y defensa, incluido el contrato de 200 millones de dólares con el Pentágono anunciado el verano pasado.
Ramasamy confronta directamente la alegación del gobierno de que Anthropic podría teóricamente interferir en operaciones militares deshabilitando la tecnología o alterando su comportamiento. Según él, esto no es técnicamente posible.
La explicación es detallada: una vez que Claude se implementa dentro de un sistema gubernamental seguro y aislado de internet, conocido como sistema air-gapped, operado por un contratista externo, Anthropic no tiene acceso a él. No existe un botón de apagado remoto, no hay puerta trasera en el sistema y no hay mecanismo para enviar actualizaciones no autorizadas. Cualquier tipo de veto operacional es ficción, según Ramasamy, quien explica que un cambio en el modelo requeriría la aprobación explícita del Pentágono y una acción deliberada para instalarlo.
Anthropic, según él, ni siquiera puede ver lo que los usuarios gubernamentales están escribiendo en el sistema, mucho menos extraer esos datos.
Ramasamy también impugna la alegación del gobierno de que la contratación de extranjeros por parte de Anthropic representaría un riesgo de seguridad. Señala que empleados de la empresa pasaron por el proceso de verificación de habilitación de seguridad del gobierno estadounidense, el mismo tipo de verificación de antecedentes exigida para acceder a información clasificada. Según su declaración, hasta donde él sabe, Anthropic es la única empresa de IA donde personal con habilitación de seguridad efectivamente construyó los modelos diseñados para funcionar en entornos clasificados.
El impacto para el sector de inteligencia artificial
Este caso va mucho más allá de una disputa entre Anthropic y el gobierno estadounidense. Funciona como una alerta para todas las empresas de tecnología de IA que están, en este momento, intentando entender cómo establecer una relación gubernamental segura y sostenible en Estados Unidos. El riesgo de que un contrato en curso se transforme, de la noche a la mañana, en una clasificación de amenaza a la seguridad nacional es algo que ninguna empresa quiere enfrentar, y el precedente que este proceso puede crear tiene implicaciones enormes para el sector.
Empresas que desarrollan grandes modelos de lenguaje, sistemas de visión por computadora o cualquier otra aplicación de IA con potencial uso dual, civil y militar al mismo tiempo, necesitan seguir este caso de cerca. El hecho de que Anthropic tenga políticas de uso responsable bien documentadas y aun así haya sido objeto de una designación de riesgo demuestra que las buenas prácticas por sí solas no garantizan protección contra decisiones de naturaleza política.
Otro aspecto relevante es la velocidad con la que decisiones políticas pueden afectar contratos y alianzas en el sector. En mercados tradicionales, una ruptura de contrato gubernamental lleva meses de discusiones, auditorías y revisiones formales. En este caso, la transición de socio estratégico a amenaza para la seguridad nacional ocurrió de forma extremadamente rápida, al menos sobre el papel. Esto genera un nivel de incertidumbre que puede alejar a otras empresas de IA de buscar contratos gubernamentales, justo en un momento en que el Pentágono y otras agencias están aumentando sus inversiones en inteligencia artificial. 😬
El contexto más amplio: carrera global por la IA
Este episodio ocurre en un momento particularmente delicado. Estados Unidos está en una carrera acelerada para consolidar su liderazgo en tecnología de inteligencia artificial, especialmente ante la competencia con China. En ese escenario, alienar a empresas estadounidenses de IA de vanguardia por razones que parecen contradictorias es un movimiento que analistas del sector ya están cuestionando abiertamente.
Anthropic es una de las pocas empresas en el mundo con capacidad para desarrollar modelos de lenguaje en la frontera del estado del arte. Su modelo Claude está entre los más avanzados disponibles, y el contrato de 200 millones de dólares con el Pentágono no era un acuerdo cualquiera, era una inversión estratégica del gobierno estadounidense en capacidad tecnológica de defensa.
Si el resultado de este proceso es favorable al gobierno y la designación de riesgo se mantiene como precedente válido, el efecto dominó sobre otras empresas de IA puede ser significativo. Esto podría llevar a las compañías a simplemente aceptar cualquier condición gubernamental sin negociación, por temor a represalias, o, en el extremo opuesto, a evitar completamente los contratos con el sector de defensa.
Ninguno de los dos escenarios es ideal para la posición competitiva de EE. UU. en el mercado global de inteligencia artificial. 🌐
Lo que viene en este proceso
La audiencia del martes 24 de marzo, ante la jueza Rita Lin en San Francisco, será el próximo capítulo de esta disputa. Las declaraciones juradas de Heck y Ramasamy ponen presión adicional sobre el gobierno para que explique las contradicciones entre lo que se comunicaba internamente y lo que se declaró públicamente.
La defensa de Anthropic ha utilizado cada nueva revelación para reforzar el argumento de que la designación de riesgo a la seguridad nacional no tenía una base técnica u operacional sólida. El correo electrónico de Emil Michael, en particular, es una pieza de evidencia difícil de sortear, porque proviene del propio gobierno y contradice directamente la justificación presentada para la designación.
El gobierno, por su parte, mantiene la posición de que la negativa de Anthropic a permitir todos los usos militares lícitos de su tecnología justifica la designación de riesgo, y que esta fue una decisión de seguridad nacional legítima. La cuestión que el tribunal tendrá que resolver es si existe una base factual y técnica consistente para esta clasificación, o si estuvo motivada por factores que van más allá de la evaluación de riesgo propiamente dicha.
Independientemente del desenlace jurídico, este caso ya dejó una marca importante en la forma en que el sector tecnológico de IA percibe la relación con el gobierno estadounidense. Las contradicciones documentadas en los registros judiciales, la rapidez con la que la relación se deterioró y la discrepancia entre comunicaciones internas y públicas son elementos que seguirán siendo discutidos durante mucho tiempo.
Para quienes siguen la inteligencia artificial y sus intersecciones con la política y la defensa, este es uno de los procesos más importantes de los últimos años, y está lejos de terminar. 🔍
