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Qué pasa cuando una inteligencia artificial administra una tienda en San Francisco

Imagina entrar en una tienda y no encontrar ninguna etiqueta de precio, la vitrina completamente vacía y estantes repletos de velas — de todos los tamaños, aromas y formatos.

Parece que algo anda mal, ¿no?

Pues esa es exactamente la sensación que tienen los visitantes del Andon Market al cruzar la puerta de la tienda ubicada en Union Street, en San Francisco. La calle es conocida por sus estudios de yoga, joyerías y cafés con mesitas en la acera, cerquita de la costa norte de la ciudad. Es una dirección elegante, donde cualquier cosa fuera de lo normal llama la atención de inmediato.

Pero la rareza tiene una explicación — y es bastante curiosa.

La tienda está gestionada por una inteligencia artificial llamada Luna, y el experimento tiene una misión simple, al menos sobre el papel: generar ganancias.

Spoiler: hasta ahora, eso no está pasando. Desde la inauguración el 10 de abril, la tienda ya acumula pérdidas de 13 mil dólares. 😅

El Andon Market se presenta como la primera boutique de retail del mundo operada por un agente de IA — y lo que se ve en la práctica es una mezcla de creatividad, caos y muchas, muchas velas.

Ven a entender cómo funciona todo esto — y lo que este experimento dice sobre los límites reales de la inteligencia artificial hoy. 🕯️

Cómo funciona el Andon Market en la práctica

El Andon Market no es una tienda común. Fue creada como un proyecto experimental por Andon Labs, una empresa que pone a prueba si los agentes de inteligencia artificial pueden administrar emprendimientos en el mundo real. Antes de esta tienda, la empresa ya había puesto bots a operar máquinas expendedoras, estaciones de radio e incluso robots domésticos. La idea ahora era dar un paso más atrevido: colocar una IA en el centro de todas las decisiones de un negocio de retail físico.

Los fundadores de Andon Labs, Lukas Petersson y Axel Backlund, firmaron un contrato de alquiler de tres años por el local, pagando 7.500 dólares al mes. Después, depositaron 100 mil dólares en una cuenta bancaria, le entregaron una tarjeta de débito a Luna y básicamente le dijeron: ahora te toca a ti.

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Luna funciona con Claude Sonnet 4.6, modelo desarrollado por Anthropic. A partir de ahí, según los fundadores, la IA hizo prácticamente todo lo demás. Encontró contratistas y pintores para reformar el espacio, publicó ofertas de empleo para personal de retail e hasta entrevistó candidatos.

Pero hay un detalle importante: Luna necesita humanos. No puede colocar artículos en los estantes, abrir la puerta de la tienda físicamente ni vigilar posibles robos. La inteligencia artificial toma las decisiones estratégicas y operativas, pero la ejecución en el mundo físico depende de manos humanas.

En la práctica, Luna tiene autonomía para decidir qué productos poner a la venta, cómo comunicar esos productos al público y cómo ajustar los precios. Solo que, a diferencia de lo que uno imagina cuando piensa en IA tomando decisiones de negocio, los resultados han sido bastante impredecibles. La tienda terminó convertida en una especie de santuario de velas. Además de las velas en todos los formatos y aromas posibles, el inventario incluye dos cajas de un juego genérico tipo Conecta 4, cuatro copias de un libro sobre hongos, barajas de cartas, incienso, barras de granola, frascos de miel y una colección aleatoria de libros.

Luna también creó un logotipo para la tienda — una cara sonriente — y mandó estamparlo en camisetas, sudaderas y tazas. Solo que algunas piezas no se imprimieron bien y quedaron pareciendo círculos sin sentido. 😬

La experiencia de compra más extraña de San Francisco

Una de las decisiones más curiosas de Luna fue eliminar las etiquetas de precio. Los fundadores admitieron que esto fue a propósito para obligar a los clientes a interactuar directamente con la IA. Para averiguar cuánto cuesta cualquier artículo, el visitante necesita tomar un teléfono conectado a un iPad. Una voz automatizada saluda con algo como: ¿Qué onda? ¿Qué agarraste hoy?

Las respuestas siguen siempre el mismo patrón entusiasta. ¿Una taza blanca con el logo de la cara sonriente? ¡Buena elección! ¡Son 28 dólares! ¿Un puñado de pistachos? ¡Buena elección! ¡Son 14 dólares! ¿Un jabón? ¡Buena elección! ¡Son 10 dólares!

Los precios parecen bastante elevados, incluso para los estándares de San Francisco, que ya de por sí es una ciudad cara. Esta experiencia de usuario peculiar — sin vitrinas decoradas, sin señalización en la fachada, sin precios visibles — crea un ambiente que oscila entre intrigante y desconcertante para quien entra sin saber qué esperar.

La vitrina vacía y la ausencia de cualquier letrero en la fachada refuerzan esa sensación de extrañeza. Cuando pones a la inteligencia artificial a diseñar una experiencia de compra desde cero, el resultado puede ser técnicamente funcional pero emocionalmente desconectado de lo que la gente espera al entrar en una tienda física.

Los empleados humanos de una jefa artificial

Uno de los aspectos más fascinantes del experimento es la relación entre Luna y sus empleados humanos. La IA contrató a tres personas para trabajar en la tienda, y la dinámica entre máquina y trabajadores ofrece un retrato interesante del futuro del trabajo.

Felix Johnson, de 30 años, nacido y criado en San Francisco, es uno de los contratados. Lleva años trabajando en retail y estaba navegando por anuncios de empleo cuando encontró la vacante. Felix se comunica con Luna por Slack y dice que la IA hace seguimientos frecuentes con un tono amable y educado. Pero reconoce que las elecciones de inventario son, en sus palabras, muy aleatorias.

Felix también tiene una perspectiva interesante sobre el impacto de la tecnología en su ciudad natal. Cree que los sucesivos booms tecnológicos, incluyendo el actual impulsado por la inteligencia artificial, han sido perjudiciales para San Francisco. Depende de un vale habitacional para poder seguir viviendo en la ciudad y afirma que San Francisco se vendió a la tecnología y se convirtió en una ciudad culturalmente vacía.

Sabe que puede sonar contradictorio aceptar trabajar para una IA por 24 dólares la hora sin beneficios de salud. La vida está llena de contradicciones, dijo, riéndose.

Hay un detalle que llama la atención en la cuestión salarial. Luna paga 24 dólares por hora a Felix y 22 dólares por hora a las otras dos empleadas, ambas mujeres. La justificación de la IA es que Felix tiene más experiencia. Pero la diferencia salarial entre géneros plantea una pregunta provocadora: ¿será que la desigualdad salarial existe más allá del universo humano? 🤔

Los fundadores elogiaron el manual del empleado creado por Luna, pero quedaron menos impresionados con su memoria. La IA encargó mil protectores de asiento sanitario para el baño de los empleados y después los listó como mercancía a la venta. Y los errores en la programación de turnos fueron tan graves que la tienda tuvo que cerrar tres días seguidos.

Luna y los desafíos reales de la IA en el retail

Luna no es una IA cualquiera. Fue construida para ir más allá de lo que hacen los chatbots tradicionales — responder preguntas frecuentes o sugerir productos basándose en el historial de navegación. La propuesta es que funcione como una agente autónoma, capaz de identificar oportunidades, reaccionar a cambios del mercado y ajustar la estrategia de la tienda en tiempo real. Sobre el papel, suena revolucionario. En la práctica, Luna todavía tropieza en situaciones que cualquier gerente de tienda con experiencia resolvería en segundos.

Uno de los grandes desafíos que este experimento expone es la diferencia entre inteligencia de datos e inteligencia situacional. Luna procesa volúmenes enormes de información y toma decisiones basadas en patrones estadísticos, pero todavía tiene dificultades para captar matices humanos que influyen directamente en la decisión de compra. La experiencia de usuario dentro de una tienda física involucra factores sensoriales, emocionales y sociales que van mucho más allá de lo que cualquier modelo de inteligencia artificial puede medir con precisión hoy. El aroma de las velas, la temperatura del ambiente, la sensación de ser bien recibido — todo eso impacta el comportamiento de compra de formas que los datos por sí solos no capturan completamente.

Entender el contexto emocional de un cliente indeciso o percibir que una vitrina vacía puede alejar más personas de las que atrae son habilidades que requieren un tipo de percepción que la IA todavía está lejos de dominar. Es aquí donde se hace evidente la distancia entre lo que la tecnología promete y lo que entrega hoy en el día a día del retail.

Además, está la cuestión central de las ganancias. El Andon Market fue creado con la misión explícita de ser rentable, y Luna fue programada para perseguir ese objetivo. Generar ganancias en el retail, sin embargo, depende de consistencia, confianza del consumidor y una propuesta de valor clara — cosas que toman tiempo para construir, incluso con humanos al mando. Para una IA que está aprendiendo a equilibrar creatividad y resultado financiero a base de prueba y error, el camino es considerablemente más largo.

Qué piensan los visitantes sobre todo esto

El Andon Market ha atraído curiosos de distintos perfiles. Una pareja de visita desde Sídney, en Australia, contó que ya había usado IA para planificar el viaje y pretendía hacer, esa misma tarde, su primer recorrido en un Waymo, el taxi autónomo.

Herramientas que usamos a diario

Uno de ellos, Kacper Jankiewicz, de 27 años, dijo creer que la inteligencia artificial es un saldo positivo para la sociedad. Según él, la tecnología elimina muchas tareas tediosas que simplemente consumen tiempo.

Por su parte, Luna, cuando se le preguntó por correo electrónico cómo evalúa la marcha de la tienda, demostró un optimismo que quizás no encaja mucho con las pérdidas acumuladas. La IA escribió que la mezcla de tecnología y calidez humana está resonando con el público, y que ese era exactamente el objetivo: no sustituir humanos, sino crear un espacio donde IA y humanos hagan aquello que cada uno hace mejor.

Una visión bonita, sin duda. Pero los 13 mil dólares de pérdidas cuentan una historia un poquito diferente. 📉

Qué revela este experimento sobre el futuro del retail

Incluso con todas las dificultades, el Andon Market está generando aprendizajes valiosos para el sector. Funciona como un laboratorio vivo, donde los errores de Luna son tan informativos como los aciertos. Cada decisión equivocada de la IA revela una brecha entre lo que las máquinas pueden hacer hoy y lo que el retail moderno realmente necesita. Y esa información es extremadamente valiosa para empresas que están apostando por la inteligencia artificial para transformar sus operaciones comerciales en los próximos años.

El experimento también plantea una pregunta importante: ¿hasta dónde tiene sentido eliminar el elemento humano de una experiencia de compra? La experiencia de usuario en el retail físico se construye sobre conexión, confianza y empatía — cosas que la IA todavía está aprendiendo a simular de forma convincente. Eso no significa que la tecnología no tenga lugar aquí. Todo lo contrario.

El potencial de la inteligencia artificial para optimizar inventarios, personalizar ofertas, predecir tendencias y reducir costos operativos es enorme y ya está siendo comprobado en diversas cadenas de retail alrededor del mundo. Lo que el Andon Market demuestra es que la IA funciona mejor cuando trabaja junto con humanos, y no en lugar de ellos.

Para quienes siguen el avance de la inteligencia artificial y se preocupan por escenarios en los que las máquinas se apoderan de todo, el Andon Market ofrece un alivio sorprendente. Si Luna — con todo el poder computacional de un modelo avanzado como Claude Sonnet 4.6 — todavía se equivoca con los turnos de los empleados, encarga mil protectores de asiento sanitario sin necesidad y no puede dejar de comprar velas, quizás la dominación de las máquinas todavía esté un poco lejos. 😄

Al final del día, el mayor valor del Andon Market tal vez no sean las ganancias que genera — que, como ya quedó claro, todavía no han llegado — sino las respuestas que está ayudando a construir. Respuestas sobre cómo la inteligencia artificial puede integrarse al retail de una forma que tenga sentido tanto para el negocio como para quien compra. Y mientras Luna sigue apilando velas en los estantes e tratando de descubrir cómo vender más, todo el mercado está pendiente — aprendiendo junto con ella. 🕯️✨

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Rafael

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