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Alphabet se dispara un 160% en un año y demuestra el valor de dominar casi toda la cadena de la inteligencia artificial

El mercado tecnológico vive un momento que pocos predijeron hace apenas un año. Alphabet, la empresa matriz de Google, pasó de un papel secundario en la carrera de la inteligencia artificial a ocupar uno de los lugares más codiciados del sector, y los números no dejan lugar a dudas.

Las acciones de la compañía subieron cerca de un 160% en los últimos 12 meses. Para hacerse una idea del tamaño de esa hazaña, Broadcom, la segunda mejor performance entre las gigantes trillonarias de tecnología de EE.UU. en el mismo período, subió un 107%. No es poca cosa, y ese contraste ayuda a entender por qué tantos inversores están revisando sus posiciones y repensando el peso que le dan a Alphabet dentro de sus carteras.

Lo que colocó a Alphabet en ese nivel va más allá de un buen trimestre o de un producto nuevo. Wall Street tiene los ojos puestos en algo más estructural: la empresa controla casi toda la cadena de la inteligencia artificial, desde los chips hasta los modelos, desde la infraestructura hasta la distribución. Y Google Cloud, al que mucha gente subestimaba, se convirtió en una de las piezas más importantes de este tablero, con un backlog de contratos que prácticamente se duplicó y alcanzó los 462.000 millones de dólares. 📈

Pero no todo es euforia. Algunos analistas están haciendo preguntas incómodas sobre la composición de ese crecimiento, y el historial reciente de otras empresas del sector sugiere que vale la pena escuchar esos cuestionamientos antes de sacar conclusiones precipitadas.

Google Cloud: de actor secundario a protagonista en el juego de la IA

Durante años, Google Cloud fue tratado como la tercera fuerza en un duelo dominado por Amazon Web Services y Microsoft Azure. La narrativa era casi siempre la misma: buen producto, buena tecnología, pero sin el músculo comercial necesario para competir de tú a tú con los líderes. Esa historia cambió de forma bastante clara en los últimos trimestres, y el backlog de 462.000 millones de dólares es el dato más contundente de esa transformación. Ese número representa contratos ya firmados que todavía serán ejecutados, es decir, es ingreso garantizado, no una proyección optimista de analista.

Lo que impulsó ese giro fue, en gran parte, la demanda explosiva por infraestructura de inteligencia artificial. Empresas de todos los tamaños necesitan poder computacional para entrenar modelos, procesar datos a escala y entregar productos basados en IA a sus usuarios finales. Google Cloud entró en esa ola con una propuesta bastante diferenciada: además de ofrecer infraestructura bruta, Alphabet puso sobre la mesa sus propios modelos de IA, como Gemini y DeepMind, y sus chips propietarios, los TPUs (tensor processing units), creando un ecosistema que va mucho más allá del simple alquiler de servidores.

Eso creó una propuesta de valor difícil de ignorar para quienes necesitan escalar operaciones de IA con agilidad y sin depender de múltiples proveedores. Analistas de JPMorgan calificaron la acción de Alphabet como su principal elección en el sector tecnológico tras el último informe de resultados trimestrales, señalando un trimestre excepcional y un crecimiento acelerado. Por su parte, los analistas de Mizuho elevaron el precio objetivo, argumentando que las estimaciones de consenso del mercado todavía subestiman significativamente los ingresos y el beneficio operativo de Google Cloud en los próximos dos años.

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Otro punto que merece atención es la estrategia comercial que Google Cloud adoptó para conseguir contratos más grandes. La división invirtió fuerte en alianzas con consultoras e integradores de sistemas, además de ampliar su equipo de ventas corporativas, un área donde históricamente se quedaba por detrás de los competidores. El resultado se reflejó en las cifras: el crecimiento de los ingresos de Google Cloud ha superado las expectativas del mercado de forma consistente, y el margen operativo de la división también viene mejorando, lo que indica que el crecimiento no se está comprando a cualquier precio.

El control vertical que Wall Street empezó a valorar

Una de las narrativas más poderosas en torno a Alphabet hoy es la idea de integración vertical dentro del ecosistema de inteligencia artificial. La empresa no depende de terceros para ninguna parte crítica de la cadena. Desarrolla sus propios chips, entrena sus propios modelos, opera su propia infraestructura de nube y además distribuye todo eso a través de productos con miles de millones de usuarios, como Google Search, Gmail, YouTube y Android.

Gene Munster, socio-director de Deepwater Asset Management, resumió bien esa posición al afirmar que Google es una de las dos empresas mejor posicionadas en el panorama de la IA precisamente porque controla la mayor parte del stack: chips, modelos, infraestructura y distribución. Y, además de todo, la empresa es bastante rentable. La otra empresa que colocó en esa misma categoría es SpaceX de Elon Musk, que se fusionó con xAI en febrero en un acuerdo valorado en 1,75 billones de dólares.

Los inversores institucionales, que suelen mirar al largo plazo, se dieron cuenta de que esa estructura coloca a Alphabet en una posición diferente a la mayoría de las empresas que surfean la ola de la IA. Mientras muchas compañías dependen de chips de Nvidia, de modelos de terceros o de infraestructura alquilada para construir sus productos, Alphabet tiene control sobre cada capa del proceso. Eso significa márgenes potencialmente mejores en el futuro, menor dependencia de proveedores y mayor capacidad de innovar sin necesidad de esperar a que otros avancen primero.

Alphabet cerró la semana con una capitalización bursátil de 4,8 billones de dólares, quedando solo por detrás de Nvidia, con 5,2 billones. Las dos empresas, de hecho, llegaron a intercambiar posiciones brevemente en el after-hours del martes, después de que un informe revelara que Anthropic se comprometió a gastar 200.000 millones de dólares en Google Cloud a lo largo de cinco años, contratando 5 gigavatios de poder computacional. Para el mercado, fue otra señal de que Google tiene múltiples formas de generar ingresos y competir en la frontera tecnológica. 🚀

Los chips propietarios como diferencial competitivo

Donde Google tiene una ventaja clara y cada vez más evidente es en el segmento de silicio personalizado. Los TPUs de la empresa se convirtieron en una alternativa real a los chips de Nvidia para cargas de trabajo de inteligencia artificial, y el mercado está empezando a poner precio a ese diferencial de forma más agresiva.

Mizuho estima que aproximadamente 61.000 millones de dólares del backlog de Google Cloud hasta 2027 pueden provenir de ventas de TPUs, y la mayor parte de esos ingresos probablemente se reconocerá el próximo año. Eso ofrece a los inversores que buscan una alternativa a Nvidia otra forma de participar en la operación de hardware de IA, una tendencia que se ha extendido por Wall Street recientemente, con acciones de Advanced Micro Devices, Intel y Micron más que duplicando su valor este año.

Sin embargo, parte de la demanda que Google y Amazon, que fabrica los chips Trainium, están viendo por sus chips propietarios proviene de las propias empresas de su portafolio de inversiones. Gil Luria, analista de D.A. Davidson, hizo una advertencia importante sobre este punto: cuando Google y Amazon hablan de demanda fuerte por sus chips propietarios, buena parte de eso es demanda cautiva, y no orgánica. Es un detalle que puede marcar la diferencia a la hora de evaluar la sostenibilidad de ese crecimiento a largo plazo.

El caso Anthropic y el fantasma de Oracle

Con toda esa trayectoria positiva, sería fácil ignorar los puntos de atención, pero algunos analistas están siendo bastante vocales sobre las dudas que aún planean sobre el crecimiento de Alphabet. Uno de los cuestionamientos más recurrentes tiene que ver con la composición del backlog de Google Cloud.

La preocupación central gira en torno a Anthropic, una startup que quema caja, tiene una valoración multimillonaria y está captando decenas de miles de millones de dólares, incluso del propio Google, para después gastar buena parte de ese dinero de vuelta con Google en servicios de nube y TPUs. Si el compromiso reportado de 200.000 millones de dólares de Anthropic se compara con el backlog total de Google Cloud, puede representar más del 40% de todos los ingresos futuros contratados.

Gil Luria, de D.A. Davidson, hizo una comparación que llamó la atención del mercado. Dijo que la situación recuerda a lo que pasó con Oracle, cuya acción se disparó en septiembre después de que la empresa reportara un aumento de casi el 360% en el backlog. Poco después, quedó claro que la mayor parte de ese crecimiento provenía de un único cliente: OpenAI. Oracle terminó siendo castigada por los inversores cuando esa concentración se hizo evidente, con la acción perdiendo cerca de la mitad de su valor en cinco meses.

Según Luria, Alphabet hizo algo similar: informó que el backlog prácticamente se duplicó sin detallar que casi todo el aumento provino de un único acuerdo con Anthropic. Microsoft también enfrentó cuestionamientos parecidos en relación con su exposición a OpenAI.

Luria ve un riesgo de concentración extendido entre los grandes proveedores de nube. Microsoft, Oracle, Amazon y Google juntos tienen cerca de 2 billones de dólares en backlog reportado de servicios en la nube. Casi la mitad de eso, según él, se remonta a compromisos de OpenAI y Anthropic, empresas que están buscando capital precisamente en ese mismo grupo de compañías.

Munster, de Deepwater Asset Management, entiende la preocupación, pero no comparte el mismo nivel de alarma, al menos en lo que se refiere a la relación entre Google y Anthropic. Para él, el acuerdo refuerza cómo todavía estamos en las etapas iniciales de la inteligencia artificial. Aunque los casos de uso sean limitados hoy, la necesidad de capacidad computacional es exponencial, y Google está posicionado para surfear esa ola. Si Anthropic tropieza, otras empresas de IA eventualmente ocuparán su lugar. Los titulares sobre el tamaño y el riesgo de cualquier cliente individual, según Munster, pierden el punto principal: si uno de esos clientes quiebra, con el tiempo decenas tomarán su lugar.

Herramientas que usamos a diario

Los gastos de capital y el riesgo de ejecución

Google no solo está cosechando frutos; está sembrando a una escala que también genera inquietud. La empresa proyecta gastos de capital de hasta 190.000 millones de dólares este año, más del doble del capex registrado en 2025. Es una inversión colosal, y para que los inversores vean retorno sobre ese capital, Google simplemente no puede fallar en sus apuestas. Analistas de Argus dijeron en un informe posterior a los resultados que los riesgos de los gastos de capital de Alphabet son relevantes, pero mantuvieron la recomendación de compra, argumentando que la capacidad de la empresa de financiar esas inversiones, a diferencia de startups como OpenAI, es en sí misma una ventaja competitiva.

También está la cuestión de la narrativa con los inversores. Munster señala que la mayor amenaza para la continuidad del alza de las acciones de Alphabet es que el precio actual ya incorpora buena parte de las ganancias futuras. Compara la situación con lo que ocurre hoy con Nvidia, que sigue entregando un crecimiento enorme, los analistas esperan un crecimiento del 78% en los ingresos en el próximo balance, pero cuya acción subió apenas un 15% en el año, quedando ligeramente por encima del Nasdaq. Si Google no logra cambiar la narrativa con los inversores, mostrando nuevos frentes de crecimiento y avances concretos, el riesgo es quedar estancado incluso con resultados sólidos.

Qué esperar del Google I/O y los próximos pasos

Con el Google I/O comenzando en menos de dos semanas, la presión recae sobre la empresa para impresionar. El evento es un escaparate importante para mostrar al mercado la estrategia de agentes con Gemini y demostrar que la empresa es capaz de encontrar ingresos sostenibles dentro del ecosistema más amplio de inteligencia artificial. No se trata solo de presentar tecnología nueva, sino de convencer a inversores y analistas de que Google tiene un plan claro para monetizar lo que está construyendo.

La empresa pasó de rezagada en la carrera de la IA a ganadora en infraestructura en un intervalo bastante corto. Añadió funcionalidades de inteligencia artificial a Search, YouTube y Android, desarrolló modelos competitivos con Gemini y DeepMind, ofreció sus TPUs como alternativa viable a los chips de Nvidia y transformó Google Cloud en una máquina de generar contratos multimillonarios.

Por último, está la cuestión regulatoria, que se ha convertido en un telón de fondo constante para cualquier análisis sobre las grandes empresas tecnológicas. Alphabet está involucrada en procesos antimonopolio en diferentes jurisdicciones, tanto en Estados Unidos como en Europa, y algunos de esos casos tienen el potencial de forzar cambios estructurales en el modelo de negocio de la compañía. La combinación de crecimiento acelerado, valoraciones elevadas y presión regulatoria creciente es exactamente el tipo de escenario que suele generar volatilidad en las acciones, incluso cuando los fundamentos del negocio siguen siendo sólidos.

La trayectoria de Alphabet en los últimos 12 meses es, sin duda, una de las historias más impresionantes del mercado tecnológico. La empresa demostró que controlar la cadena completa de la inteligencia artificial tiene un valor real y medible. Pero los próximos capítulos van a exigir algo más allá de buenos resultados trimestrales: Google necesita demostrar que puede transformar esa inversión masiva en retorno a largo plazo, sin tropezar con los riesgos de concentración de clientes, la presión regulatoria y las expectativas cada vez más altas que el propio mercado creó. 🎯

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