Inteligencia Artificial en el fitness: publicidad y falsas transformaciones
La Inteligencia Artificial se volvió un recurso constante en el mundo del fitness online. En pocos años, los feeds de las redes sociales se inundaron de videos de entrenamiento, programas de adelgazamiento y planes de musculación que prometen cambios radicales en poquísimo tiempo. En medio de todo esto, algo llama mucho la atención: el uso cada vez mayor de personajes y cuerpos totalmente generados por IA, presentados como si fueran personas reales que hubieran seguido ese método y alcanzado resultados casi mágicos.
De acuerdo con reportajes recientes, incluso de la BBC Sport, muchos de esos anuncios muestran supuestos antes y después en pocas semanas, con promesas del tipo perder 40 libras en un mes, parecer 20 años más joven o cambiar todo el cuerpo en 28 días. Especialistas en salud y ciencia del ejercicio señalan que ese tipo de transformación, en plazos tan cortos, es científicamente improbable y, en muchos casos, simplemente imposible sin riesgos serios para el cuerpo.
Para empeorar, la dinámica de las plataformas ayuda a difundir ese contenido. Basta con que el usuario vea un video de entrenamiento o haga clic en un anuncio de dieta para que el algoritmo empiece a empujar una secuencia infinita de materiales parecidos. En poco tiempo, el feed se convierte en un bucle de promesas agresivas, cuerpos perfectos y programas milagrosos. Y, cada vez más, buena parte de eso se hace con IA generativa, mezclando avatares sintéticos, testimonios fabricados e imágenes manipuladas de forma intensa, muchas veces sin ningún aviso de que se trata de una simulación.
El resultado es un escenario que mezcla tecnología avanzada con un verdadero lejano oeste regulatorio, en el que la línea entre publicidad creativa y contenido engañoso se vuelve cada vez más fina. Y quien está del otro lado de la pantalla, buscando mejorar la salud, bajar de peso o ganar condición física, termina expuesto a expectativas irreales, falsas esperanzas y, en muchos casos, frustración e impacto directo en la autoestima.
IA, redes sociales y el bombardeo de contenido fitness
El punto de partida de este fenómeno es la propia naturaleza de las redes sociales. Plataformas como Instagram, TikTok y otras usan modelos de IA para aprender rápidamente qué retiene la atención de cada persona. Si alguien muestra interés por entrenamientos, dietas o transformación corporal, el sistema identifica eso y pasa a priorizar videos de ese tipo. No existe un botón simple para apagar ese flujo. Como explicó el profesor Andy Miah, de la Universidad de Salford, una vez que ese contenido entra en tu radar, la tendencia es que se multiplique en el feed.
Estos algoritmos no están preocupados por la seguridad, el equilibrio o la salud: la prioridad es el engagement. ¿Y qué genera más engagement? Imágenes impactantes, promesas atrevidas y transformaciones rápidas. Es ahí donde la Inteligencia Artificial entra con fuerza, porque permite crear exactamente ese tipo de material de forma barata, rápida y a una escala prácticamente infinita.
Con herramientas de generación de imagen y video, los anunciantes logran producir personajes que nunca existieron, con cuerpos esculturales, piel sin imperfecciones y músculos perfectamente definidos. Estos avatares se colocan en escenarios de playa, gimnasio o casa, con relatos de superación e historias listas que dicen que siguieron determinado plan de entrenamiento y, en un mes, cambiaron de vida. Solo que nada de eso es real. Aun así, para quien lo ve, la apariencia es de testimonio verdadero.
Otro detalle importante: el usuario común rara vez consigue identificar con seguridad si esas imágenes están manipuladas, si son fotos reales o si fueron generadas por IA. Algunas plataformas dicen tener sistemas para etiquetar contenido sintético, pero, en la práctica, muchos avisos aparecen escondidos, con letras minúsculas o simplemente no aparecen.
Promesas irreales y transformaciones científicamente improbables
Una parte central de este tipo de anuncio está en las promesas explícitas. Frases como cambia tu cuerpo en 4 semanas, parece 20 años más joven o pierde 40 lb en un mes aparecen con frecuencia en campañas que utilizan avatares de IA. Especialistas en fisiología del ejercicio, nutrición y medicina deportiva son claros: resultados tan extremos, en plazos tan cortos, no son compatibles con procesos saludables para la gran mayoría de las personas.
La pérdida de peso sostenible implica tiempo, ajuste gradual de la alimentación, sueño adecuado, manejo del estrés y una rutina de entrenamientos coherente con la realidad de cada cuerpo. La ganancia de masa muscular también exige meses de estímulo constante, progresión de carga y recuperación adecuada. Cuando un anuncio promete algo muy fuera de ese patrón, la probabilidad de que sea contenido engañoso es altísima.
El profesor Andy Miah define el escenario actual como un verdadero oeste sin ley en términos de regulación. Según él, las afirmaciones sobre la velocidad de las ganancias son completamente irreales y alimentan falsas esperanzas, generando expectativas que difícilmente serán cumplidas. Esto no es solo un problema de propaganda exagerada: afecta directamente lo emocional de quien cree en esas promesas.
La mirada de quien está en la primera línea del entrenamiento presencial
Lejos de los filtros y de la realidad virtual, profesionales que trabajan desde hace décadas con gente de verdad, en ambientes reales, ven este movimiento con mucha preocupación. Un ejemplo es el instructor David Fairlamb, que actúa desde hace más de 30 años con entrenamiento físico en grupo y atención presencial. Para él, no hay nada que sustituya el contacto humano, la lectura del cuerpo del alumno, la adaptación de ejercicios, el incentivo cara a cara y la responsabilidad de acompañar el progreso de cerca.
Al ser confrontado con anuncios hechos con IA que prometen transformaciones en 28 días, la reacción es directa: eso simplemente no pasa. Él afirma, con la experiencia de décadas de trabajo, que no existe magia. El cambio consistente exige tiempo, disciplina y, principalmente, acompañamiento adecuado. Reducir todo a un antes y después de un mes es engañoso y peligroso.
La hija de David, Georgia Sybenga, que también trabaja en el área, destaca otro punto delicado: incluso quien creció en medio de las redes sociales tiene dificultad para distinguir lo que es real de lo que fue creado digitalmente. Ella misma admite que, muchas veces, necesita mirar dos veces para intentar entender si está viendo a una persona real o a un avatar muy bien hecho.
Ambos se preocupan especialmente por los más jóvenes. La exposición constante a cuerpos perfectos, muchas veces artificiales, crea una referencia irreal. Un adolescente puede mirar una transformación de 30 días, creer que eso es alcanzable y, al no acercarse a ese resultado, sentir que fracasó. La salud mental entra en riesgo, principalmente para chicos y chicas que ya lidian con inseguridad en relación con su propio cuerpo.
Georgia también alerta sobre el riesgo físico de seguir planes de entrenamiento totalmente genéricos generados por IA, sin considerar lesiones previas, limitaciones de movilidad o condiciones de salud específicas. Un ejercicio sencillo para una persona puede ser peligroso para otra con problemas de rodilla, columna o cardiovasculares. Cuando un programa de entrenamiento se vende como solución universal, sin esa personalización, la probabilidad de causar lesión aumenta.
El papel de los organismos reguladores y el desafío de identificar la IA
En medio de este escenario, los organismos de fiscalización intentan seguir el ritmo. En el Reino Unido, la Advertising Standards Authority (ASA) es responsable de analizar si los anuncios son engañosos o potencialmente perjudiciales. La entidad no prohíbe el uso de Inteligencia Artificial en campañas, pero observa de cerca el tipo de mensaje que se está difundiendo.
Adam Davison, director de ciencia de datos de la ASA, explica que el foco no es el uso de la tecnología en sí, sino si la propaganda engaña al público o puede causar algún daño. Él relata que, en el último año, el organismo recibió alrededor de 300 quejas relacionadas con anuncios que, de alguna forma, involucraban IA, y ese número está creciendo.
Uno de los desafíos es bastante básico: a veces, ni siquiera los analistas logran decir con certeza si una imagen o video fue generado con IA. Las herramientas se están volviendo cada vez más sofisticadas, los avatares cada vez más parecidos a personas reales, y la detección no siempre acompaña ese nivel.
Otra cuestión es que la IA facilita la creación rápida de campañas por parte de personas o empresas que no tienen familiaridad con los códigos de publicidad. No estamos hablando solo de grandes marcas, sino también de pequeños emprendedores o afiliados que usan herramientas de generación de imagen, edición automática de video y textos listos para lanzar anuncios de programas de adelgazamiento, suplementos o entrenamientos milagrosos.
Cuando la ASA encuentra casos en los que las promesas hechas son demasiado improbables como para ser comprobadas, el organismo puede actuar. En muchas situaciones, principalmente cuando no hay historial de infracción, se envían avisos de orientación, conocidos como advice notices, explicando cómo los anuncios deben adaptarse a las reglas para no engañar al público. La idea es educar y ajustar el mercado antes de recurrir a medidas más duras.
Plataformas, etiquetas y la dificultad de escapar del contenido generado por IA
En este juego, las redes sociales también tienen responsabilidad. Empresas como Meta (responsable de Facebook e Instagram) y TikTok afirman que los contenidos generados por Inteligencia Artificial deberían identificarse con etiquetas claras. El problema es que, en la práctica, muchos videos que usan IA para crear cuerpos, rostros o escenarios no traen ese tipo de aviso de forma visible.
Informes indican que TikTok ya ha etiquetado más de 1,3 mil millones de videos como generados por IA, mientras que Meta dice que analiza este tipo de material a partir de marcadores integrados en las herramientas de creación. Solo que eso todavía está lejos de cubrir todo lo que circula en las plataformas, especialmente cuando los creadores usan aplicaciones y servicios externos para producir las imágenes y luego suben el contenido como si fuera un video común.
Muchos usuarios escuchados en investigaciones periodísticas afirman que les gustaría tener la opción de simplemente desactivar contenido generado por IA, o por lo menos filtrarlo en el feed. Hasta ahora, sin embargo, las plataformas no han indicado claramente que pretendan ofrecer ese tipo de control detallado al público.
Mientras tanto, la cantidad de material producido con IA no deja de crecer. Como destacó el profesor Andy Miah, la propia lógica de la economía de la atención favorece ese aumento: el contenido sintético es barato, escalable y puede ajustarse en tiempo real para maximizar clics, me gusta y compartidos. Desde el punto de vista de alcance y costo, tiene todo el sentido para los anunciantes. Desde el punto de vista de quien consume, los riesgos son mucho más complejos.
Cuando la IA puede ayudar en lugar de engañar en el mundo fitness
En medio de tanta distorsión, es posible usar la Inteligencia Artificial de un modo más saludable y honesto en el universo del fitness. La misma tecnología que hoy impulsa campañas engañosas puede servir para apoyar entrenamientos realistas, acompañar indicadores de salud y orientar mejor a quien está empezando.
Las aplicaciones pueden usar IA para adaptar sugerencias de entrenamiento al nivel real de la persona, teniendo en cuenta la edad, el historial, las limitaciones y objetivos plausibles. Los sistemas de análisis de datos pueden mostrar progreso en fuerza, resistencia y bienestar a lo largo de meses, en lugar de centrarse en promesas de cambio en 30 días. Las herramientas de monitoreo pueden ayudar a evitar el exceso, identificando señales de fatiga, caída de rendimiento e incluso alertando sobre la importancia del descanso.
Del lado de la publicidad, los modelos de IA también pueden configurarse para evitar ciertas prácticas, como promesas de pérdida de peso extrema en plazos muy cortos o el uso de imágenes manipuladas sin etiqueta. Las plataformas pueden establecer límites más claros para lo que se puede anunciar cuando el tema es salud, adelgazamiento y transformación corporal, exigiendo una comprobación mínima de eficacia para métodos más agresivos.
Al mismo tiempo, creadores y profesionales que trabajan de forma seria pueden usar la IA para mejorar el contenido educativo, hacer las explicaciones más visuales, mostrar la evolución real de los alumnos en plazos más largos y reforzar la idea de que el progreso consistente lleva tiempo. Esto crea un contrapunto importante al mar de contenido engañoso y ayuda a reconstruir la confianza del público en quienes están comprometidos con la salud de verdad, no con atajos imposibles.
Al final de cuentas, el problema no es la presencia de la IA en el mundo del fitness, sino la forma en que se viene utilizando en buena parte de las campañas: más como una máquina de crear expectativas irreales que como una herramienta de apoyo. La tecnología ya está ahí, avanzando rápido, y no va a salir de las redes. El desafío es lograr que deje de ser un instrumento de ilusión y pase a ser una aliada en decisiones más conscientes, una comunicación más transparente y una visión del cuerpo y de la salud un poco más humana y menos artificial.
