El universo de las startups tiene sus propios códigos, su propia jerga y, de vez en cuando, aparece un nuevo término para nombrar algo que todo el mundo ya estaba sintiendo, pero todavía no sabía cómo llamar.
Esta vez, la palabra es LARP — y está haciendo mucho ruido en el ecosistema tecnológico. 🚀
Originalmente, LARP viene de live action role play, ese estilo de juego en el que las personas se disfrazan, crean personajes y viven aventuras como si estuvieran dentro de un videojuego en el mundo real. Internet tomó prestado el término y lo convirtió en sinónimo de poser o persona que finge ser algo que no es. Ahora, el concepto llegó con toda la fuerza al mundo de las startups y las redes sociales — y el blanco es directo: el fundador que interpreta el papel de emprendedor en lugar de realmente construir algo.
¿Conoces a esa persona que presume de su propio trabajo, exhibe los círculos en los que se mueve y aparece en cada evento del sector, pero que en la práctica pelea muy poco por clientes de verdad? Pues eso. Ese es el perfil que el ecosistema tech empezó a llamar LARPer — alguien que está más jugando a ser fundador que realmente siéndolo. Y grandes nombres como Garry Tan, CEO de Y Combinator, ya están levantando el debate en público. 👀 Él resumió todo en una frase que se volvió casi un mantra de alerta: sé sincero, no hagas LARP. La conversación creció tanto que las búsquedas del término en Google subieron un 200% en apenas un año. Pero al final, ¿qué hay detrás de este fenómeno, quién está hablando de él y por qué importa ahora?
Cómo el LARP Se Convirtió en Sinónimo de Fundador Performático
Antes que nada, vale la pena entender cómo un término que nació en el mundo de los juegos de fantasía terminó en el vocabulario de inversores, fundadores y analistas de tecnología. La migración no fue casualidad. La lógica detrás del LARP — la de alguien que vive un personaje de forma intensa, creando una identidad que no refleja la realidad — encajó perfectamente en un comportamiento que ya venía extendiéndose en las redes sociales. Con el auge de plataformas como LinkedIn y X (antes Twitter), el escenario para este tipo de actuación se volvió enorme, accesible y, sobre todo, recompensado con engagement.
El problema es que el engagement en redes no equivale a un producto funcionando, un equipo motivado o una empresa creciendo de verdad. El perfil del LARPer en el ecosistema de startups suele ser bastante reconocible. Des Traynor, cofundador de Intercom, fue directo al grano en un correo enviado a Business Insider: tienes una única oportunidad en esta vida, no la desperdicies haciendo LARP de fundador de startup solo para ganar seguidores. Es una crítica afilada al llamado fundador-influencer, un tipo de perfil que no para de crecer y que hace cada vez más difícil distinguir marketing sincero de puro hype performático.
Algunas señales de este comportamiento ya se convirtieron casi en una lista de identificación. El diseñador de producto Christian Di Bratto reunió características clásicas del fundador LARPer: publicar sobre jornadas intensas de trabajo en LinkedIn mientras pasa horas y horas scrolleando el feed de X, dormir en el piso de un coworking solo por la estética del esfuerzo y citar textos de figuras influyentes del mercado como si fueran escrituras sagradas. La imagen del sacrificio se convierte en contenido, y el contenido se convierte en la principal entrega. 😅
Cuando Hasta los Especialistas Tienen Dificultad Para Identificarlo
Uno de los puntos más curiosos de este debate es que ni siquiera los nombres más grandes del ecosistema logran señalar con facilidad quién es LARPer y quién es simplemente inexperto. Paul Graham, una de las figuras más influyentes del mundo de las startups, comentó públicamente sobre el asunto al responder a una acusación de que Y Combinator estaría lleno de este tipo de perfil.
Según él, la aceleradora es bastante eficiente filtrando este comportamiento, pero es inevitable que algunos terminen pasando. Graham hizo una observación que resume bien la complejidad del tema: entre los fundadores más jóvenes, el LARP muchas veces es indistinguible de la simple falta de experiencia. Es decir, no siempre hay mala intención — a veces es solo alguien aprendiendo a caminar e imitando los gestos de quienes ya corren.
El debate se hizo tan presente que Garry Tan llegó a cuestionar a Sam Altman, CEO de OpenAI, sobre las acusaciones de LARP dirigidas a Y Combinator durante un evento. Curiosamente, en lugar de pronunciar la sigla, Tan prefirió deletrear las palabras live action role play repetidas veces. Altman se mostró visiblemente confundido, preguntando si realmente decían eso específicamente sobre YC y cuál sería tal LARP en cuestión, antes de desviar el tema hacia los famosos haters de Twitter. La escena muestra cómo el término todavía es lo suficientemente nuevo como para generar extrañeza incluso entre los más influyentes.
Por Qué las Redes Sociales Son el Escenario Perfecto Para Este Fenómeno
No es coincidencia que el debate sobre los LARPers haya explotado justo ahora, en un momento en que las redes sociales se convirtieron en la principal vitrina de cualquier persona que quiera posicionarse como referente en el ecosistema de tecnología. Plataformas como LinkedIn, X e incluso TikTok crearon una dinámica en la que la consistencia de publicación, el tono seguro y la capacidad de generar identificación valen tanto — a veces más — que resultados reales. Esto crea un incentivo perverso: es más fácil parecer un fundador exitoso que serlo, especialmente al inicio del camino.
El diseñador de producto Alec Freese resumió esta tensión de forma certera al afirmar que muchos fundadores de hoy necesitan dejar de hacer LARP y simplemente admitir que son creadores de contenido. No hay nada de malo en ser creador de contenido, claro. El problema es vender una cosa como si fuera otra. Y la cultura de la productividad performática, ese contenido de esfuerzo vacío que mucha gente ya bautizó como grindslop, solo profundiza la confusión entre trabajo real y teatro digital.
El ciclo funciona así: el emprendedor publica sobre desafíos del día a día con una pizca de vulnerabilidad calculada, celebra pequeñas victorias como si fueran hitos históricos y construye una audiencia fiel que empieza a confundir influencia digital con competencia real. Inversores que no hacen un análisis profundo, socios que se basan en reputación online e incluso colaboradores seducidos por la narrativa terminan siendo los más afectados cuando la realidad no coincide con lo que se prometió en las redes.
Qué Diferencia a un Fundador Real de un LARPer
Esta es, quizás, la pregunta más difícil y más importante de toda esta conversación. Porque la línea entre comunicar bien y actuar puede ser delgada, especialmente para quien está afuera mirando solo a través del feed. Un fundador que sabe comunicarse, que construye marca personal y que usa las redes sociales de forma estratégica no es necesariamente un LARPer. Lo que marca la diferencia es lo que existe debajo de la narrativa: producto real, equipo real, clientes reales y problemas siendo resueltos de verdad, no solo descritos de forma bonita en una publicación de carrusel.
Vale recordar que el fenómeno de interpretar el papel de emprendedor no es exactamente una novedad en Silicon Valley. Casos famosos de figuras que construyeron imperios enteros sobre promesas que no se sostuvieron demuestran que la actuación siempre existió. Lo que cambió fue la escala. Antes, había que convencer a inversores en reuniones a puerta cerrada. Hoy, basta un feed bien armado para atraer atención, capital y credibilidad instantánea. Es la potencia del marketing en redes sociales aplicada al personaje del fundador.
Dentro del ecosistema de tecnología, algunas comunidades e inversores ya empezaron a crear filtros más rigurosos para identificar este patrón. Quien realmente está construyendo algo tiende a tener dudas específicas, problemas técnicos concretos y una relación íntima con los datos de su propio negocio. Quien está actuando, por otro lado, suele dominar el vocabulario, pero se resbala cuando la conversación baja al nivel operativo. Como observó Aditya Prasad, ingeniero de Silna Health, existe incluso una explicación práctica de por qué el fenómeno se concentra en ciertos lugares: es demasiado difícil para un LARPer entrar en empresas altamente técnicas y selectivas, donde la competencia necesita ser demostrada en la práctica.
Por Qué Este Debate Importa Ahora Para el Ecosistema Tecnológico
El aumento del 200% en las búsquedas del término LARP asociado al universo de startups y fundadores no es solo una curiosidad de Google Trends. Refleja un cambio real de ánimo dentro del ecosistema de tecnología. Después de años de capital abundante y una cultura que premiaba el crecimiento a cualquier costo, el mercado está en un momento de mayor escrutinio. Y hay un detalle importante de fondo: la inteligencia artificial está en auge, las startups están levantando rondas antes inimaginables y, francamente, es un gran momento para ser fundador. Este escenario de dinero fácil y euforia termina siendo terreno fértil para quien solo quiere surfear la ola en lugar de construir algo duradero.
Este movimiento de autocrítica es saludable para el ecosistema en su conjunto. Cuando el propio mercado empieza a nombrar y debatir comportamientos que drenan energía, capital y credibilidad, se está organizando para crear estándares más sanos de evaluación. El hecho de que el debate haya llegado a las redes sociales — justamente el ambiente donde el fenómeno florece — es especialmente significativo, porque crea un contrapeso natural a la cultura de la actuación vacía.
Para quien está dentro del ecosistema, ya sea como inversor, como miembro de un equipo, como socio o como fundador en formación, la conversación sobre LARP sirve como un recordatorio valioso: construir es diferente de parecer que estás construyendo, y a largo plazo, el mercado de tecnología siempre encuentra una forma de hacer que esa distinción quede clara. Las startups que resisten al tiempo son aquellas donde el producto habla más fuerte que el feed. 💡
