Las tecnologías de combate contra incendios se convirtieron en un negocio serio en Washington, y quienes están moviendo este mercado son las startups tecnológicas que salieron de California con cámaras de detección de humo, drones de combate contra incendios y robots de limpieza forestal bajo el brazo. Su destino ahora es el Congreso estadounidense, y el objetivo es uno solo: asegurar financiamiento federal para escalar lo que ya funciona en los estados.
Solo que el camino no es exactamente sencillo. El gobierno de Trump, que le dio la espalda a la agenda climática y rechaza el consenso científico sobre el cambio climático causado por el ser humano, es el mismo que necesita ser convencido de que invertir en estas tecnologías tiene sentido. Y lo tiene, aunque sea por razones prácticas: los incendios cuestan caro, devastan comunidades y no eligen partido político para ocurrir. La propia administración ya aprendió, a las malas, que no puede escapar de los costos de los incendios forestales.
Con la temporada de incendios acercándose, especialmente en el oeste estadounidense que enfrenta una sequía severa después de un invierno con poca nieve, la presión aumenta y el reloj no se detiene. Los grandes incendios suelen ocurrir entre julio y septiembre, y las previsiones apuntan a que este año puede ser particularmente destructivo. Es en este escenario donde el lobbying del sector de fire tech cobró fuerza, reuniendo desde pequeñas startups hasta gigantes de la defensa como Lockheed Martin en una carrera por contratos, leyes favorables y, por supuesto, dinero público. 🔥
Como resumió Phil Hardy, un lobista de Idaho que ahora trabaja con startups de tecnología contra incendios en la capital, todo el mundo ahí está pidiendo dinero. Él ve este año como un momento crucial para un sector que apenas existía hace cinco años y que hoy ya tiene aliados en ambos lados del espectro político.
¿Qué están ofreciendo estas startups, al fin y al cabo?
Las empresas que llegaron a Washington no vinieron con las manos vacías. Traen productos que ya fueron probados en campo, con datos reales de estados del oeste estadounidense que conviven con incendios forestales a gran escala desde hace años. Entre las soluciones más destacadas están las cámaras de alta resolución que usan inteligencia artificial para identificar humo en etapas iniciales, mucho antes de que cualquier bombero pudiera verlo a simple vista. Es el caso de Pano AI, empresa de San Francisco que ya cerró acuerdos con varios estados del oeste y recientemente consiguió un contrato federal con la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Estas cámaras procesan imágenes en tiempo real, cruzan datos meteorológicos y emiten alertas automáticas a los equipos de respuesta, reduciendo drásticamente el tiempo entre la detección y el primer combate contra las llamas. En regiones donde cada minuto cuenta, este tipo de tecnología puede significar la diferencia entre un incendio controlado y una catástrofe de proporciones históricas. Según Sonia Kastner, CEO de Pano AI, los incendios catastróficos no son solo un problema de California, y el único obstáculo real que ella ve hoy es justamente el financiamiento.
Los drones entran en esta ecuación de formas que van mucho más allá de lo que la mayoría de la gente imagina. No se trata solo de volar sobre el fuego para filmar, sino de actuar directamente en el combate, cargando retardantes, mapeando terrenos de difícil acceso y creando barreras que orientan a los equipos en tierra. La fabricante alemana Quantum Systems, por ejemplo, es una de las mejor financiadas del sector, junto con la operadora de satélites meteorológicos Tomorrow.io, con sede en Boston, y la proveedora de comunicaciones de emergencia RapidSOS, de Nueva York.
Además de las cámaras y los drones, hay un tercer grupo de tecnologías que ha llamado la atención: los robots de manejo forestal. La empresa BurnBot, nacida en la zona de la Bahía de San Francisco, es un buen ejemplo de este segmento. Estos equipos automatizados son capaces de limpiar el sotobosque, remover vegetación seca y crear cortafuegos con una eficiencia mucho mayor que los equipos manuales. La idea es simple en teoría, pero compleja en la ejecución: si eliminas el material combustible antes de que llegue el fuego, reduces la intensidad y la velocidad de propagación de las llamas.
El lobbying como estrategia central del sector
Convencer al Congreso estadounidense de abrir la billetera para tecnologías emergentes nunca fue una tarea sencilla, y en el contexto político actual, el desafío es aún mayor. El crecimiento del lobbying en este sector es impresionante cuando miramos los números. En 2020, solo dos grupos declararon hacer lobbying sobre tecnologías de combate contra incendios: la empresa de energía Puget Sound Energy y la fundación sin fines de lucro XPRIZE. El año pasado, al menos 17 organizaciones reportaron contactos con formuladores de políticas sobre nuevas herramientas de gestión de incendios.
Esa lista incluye startups como Sceye, especializada en monitoreo estratosférico, la gigante de la defensa Lockheed Martin y organizaciones sin fines de lucro como Megafire Action, que defiende políticas para limitar incendios. El discurso que más ha funcionado en los pasillos del Congreso no es el de la crisis climática, sino el del costo fiscal de los incendios y del potencial real de estas tecnologías para salvar vidas y propiedades.
Pano AI llevó esta estrategia al pie de la letra y, en marzo, montó una demostración de su propia tecnología justo frente al Capitolio. Ejecutivos presentaron los servicios de la empresa con laptops, pantallas y modelos de las cámaras de vigilancia para parlamentarios, asesores y periodistas, en un evento que incluso contó con barra libre. Es este tipo de acercamiento directo lo que ha ayudado al sector a construir relaciones institucionales en Washington.
La presencia de grandes jugadores de la defensa en este movimiento de lobbying no es casualidad. Empresas con décadas de relación institucional funcionan como anclas de credibilidad para las startups más pequeñas, que muchas veces no tienen la estructura ni los contactos necesarios para navegar el proceso legislativo por su cuenta. Desde 2012, se han invertido más de 3.500 millones de dólares en este espacio, según datos recopilados por la firma de inteligencia de mercado Currence. 🤝
El dinero federal y la disputa en el Congreso
En el Congreso, los aliados del fire tech encontraron apoyo de ambos lados. La pieza central de las ambiciones del sector es el Fix Our Forests Act, un proyecto de ley forestal que promueve la investigación sobre incendios y defiende la adopción de tecnología a través de alianzas público-privadas ampliadas y contratos multiagencias. El proyecto pasó por la Cámara controlada por los republicanos en enero de 2025, con el apoyo de 64 demócratas, y avanzó en el Comité de Agricultura del Senado en octubre por 18 votos contra 5.
Después de eso, el texto se estancó por preocupaciones demócratas sobre los recortes de personal federal promovidos por Trump y por la agenda saturada del Senado. El presidente del Comité de Agricultura, John Boozman, afirmó en junio que ya tiene los votos necesarios para aprobar el proyecto, faltando solo encontrar espacio en el calendario de votaciones. Demócratas del oeste que apoyan el texto también han trabajado para mantenerlo vivo. El senador Alex Padilla, de California, calificó de enormes las disposiciones sobre investigación de incendios, mientras que John Hickenlooper, de Colorado, dijo estar cautelosamente optimista.
Sin embargo, no todos están totalmente convencidos. El senador Adam Schiff, de California, fue uno de los pocos demócratas en votar en contra de la propuesta en el comité, alegando preocupación de que la ley pueda terminar siendo más un regalo para la industria que una solución real para los bosques. Ambientalistas también plantearon objeciones, temiendo que el texto le otorgue al secretario de Agricultura amplio poder para declarar situaciones de emergencia en millones de acres de tierras federales, abriendo espacio para la explotación maderera y limitando la participación pública.
Para aumentar las posibilidades de conseguir fondos, las startups también apuntaron al proyecto de presupuesto de agricultura. En una carta a los parlamentarios responsables de la asignación de recursos, representantes del sector pidieron 20 millones de dólares al año para crear un centro de investigación en tecnología contra incendios, capaz de probar herramientas emergentes y llevar las más prometedoras al uso a gran escala. Hasta ahora no han logrado incluir este punto en los textos de la Cámara ni del Senado, pero el Comité de Asignaciones de la Cámara publicó un lenguaje de informe apoyando el desarrollo de nuevas estrategias y tecnologías de prevención. 📊
No todo, sin embargo, es color de rosa. A finales de 2024, el Departamento de Seguridad Nacional canceló un contrato de cuatro años de detección de incendios con N5 Sensors, empresa de Maryland. Una auditoría concluyó que los sensores no detectaban incendios de forma consistente ni alertaban a los socios locales adecuadamente. La empresa cuestionó duramente las conclusiones, afirmando que solo se estaban usando prototipos, sin la escala suficiente para que los sensores fueran eficaces.
Aliados de Trump se acercan al fire tech
Trump repite, sin base científica, que el cambio climático no existe, lo que en teoría sería una barrera enorme para empresas que defienden que un planeta más caliente está detrás de la crisis de los incendios. Pero la administración también ha dado señales de apertura hacia el sector tecnológico, y algunos aliados del presidente se mostraron receptivos a las solicitudes de financiamiento.
El senador republicano Tim Sheehy, de Montana, es uno de los principales patrocinadores del Fix Our Forests Act y estuvo presente en la recepción de Pano AI en marzo. Uno de los miembros más ricos del Congreso, Sheehy construyó buena parte de su fortuna con Bridger Aerospace, empresa de combate aéreo contra incendios que fundó en 2014 y que hoy se expandió hacia tecnologías de mapeo de incendios forestales.
Otros nombres destacados del equipo de Trump involucrados en el tema incluyen al secretario del Interior Doug Burgum, exejecutivo de software y exgobernador de Dakota del Norte, y a Michael Boren, subsecretario de recursos naturales y medio ambiente del Departamento de Agricultura. Juntos, asesoraron a Trump sobre política de incendios, lo que ya rindió frutos concretos para el sector: en junio de 2025, el presidente firmó una orden ejecutiva orientando a las agencias a usar tecnología, incluyendo inteligencia artificial, intercambio de datos, mapeo y pronóstico del tiempo, para mejorar la detección y la respuesta ante los incendios.
Lo que está en juego más allá del dinero
Detrás de la disputa por contratos y fondos federales, existe una cuestión más amplia que va a definir cómo Estados Unidos enfrentará un problema que claramente no va a disminuir en los próximos años. Las tecnologías de combate contra incendios que se están desarrollando y comercializando ahora representan un cambio de paradigma en la forma en que gobiernos y comunidades responden a desastres naturales de gran escala.
La propia estructura del gobierno federal está cambiando para acompañar este movimiento. Como parte de una reorganización de la burocracia de combate contra incendios, Brian Fennessy, un veterano del área en California con vínculos profundos con muchas de estas startups, fue promovido para liderar un nuevo Servicio Forestal de Incendios que unifica las diferentes agencias federales de combate al fuego. Según Hardy, que hace lobbying para Bridger Aerospace, Overwatch Aero y otras empresas, esta administración demostró disposición para desarmar y reconstruir sistemas, y en el caso de los incendios forestales, ese era justamente un sistema que necesitaba ser reconstruido.
Las startups que están en la primera línea de este movimiento entienden que lo que está en disputa no es solo un contrato o un fondo puntual. Es la definición de cuáles tecnologías se van a convertir en estándar federal, cuáles empresas van a establecer las especificaciones técnicas del sector y quién va a tener acceso a los datos generados por toda esta infraestructura en los próximos años. En mercados regulados, quien define el estándar generalmente se queda con la mayor tajada del pastel durante mucho tiempo.
Con la temporada de incendios tocando la puerta y el debate político estadounidense tan polarizado como nunca, el sector de fire tech encontró un momento poco común en el que la urgencia práctica supera las divergencias ideológicas. Nadie quiere ver su ciudad arder, sin importar el partido. Y es exactamente en esa brecha donde drones, cámaras inteligentes, robots forestales y algoritmos de detección temprana están encontrando espacio para crecer, con o sin consenso climático, financiados por un gobierno que tal vez no crea en las causas del problema, pero que definitivamente necesita resolver las consecuencias. 🌲🔥
